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Viejo ciprés, que antaño engalanaste,
Patios serenos, estancias encantadas,
Que como suave música esparcías,
El susurro del aire entre tus ramas.
Al paso de los años enmudeciste,
Testigo del horror de otras batallas,
La sangre que alimenta tus raíces,
Es la gloria que otorga las medallas...