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Sueña la niña de quince Abriles
frente al espejo de pelo cano;
peina su plata la torpe mano
que dibujaba grecas sutiles.
De su razón el olvido es dueño,
de sus recuerdos perdió la llave,
de sus secretos ya nadie sabe,
a lo pendiente cedió el empeño.
Son pinceladas de mil colores
desparramadas...