hunnie
Poeta novata, sarcástica y relativamente feliz.
Las razones se vuelven vacías,
no existe motivación,
la marginación desde pequeña me abraza
y la soledad me agarra siempre del talón.
Pero tú, vida, buscas vagas excusas
para que siga caminando,
me convences de que todo va bien,
así mintiéndome sobre mi repulsiva realidad,
sin admitir de una vez que fracaso soy
y maldita seré, en este barco náufrago
perdido en un vasto mar.
¡Oh vida mía!
Querida desalmada,
Que sin pena, me amas de alquiler
unos días sí, otros no.
Unos, para desnudarme
y otros para acariciarme.
Eres una mujer desgraciada.
¿Por qué te fijas en mí?
No vengas a darme amor de centavo.
Tu sabes que no puedo continuar,
tu sabes cuán quebrantada estoy,
¡Oh vida! Sabes lo frágil que soy.
Vienes a maltratarme,
me quieres y me desechas.
Tus pequeños pétalos me deslumbran,
tus puntiagudas espinas me lastiman.
No sé que hacer.
No sé que sentir.
¿Qué quieres de mí, vida?
No me hagas feliz
cuando fácilmente me destruyes.
¡Déjame en paz!
Déjame descansar.
Un calibre adornaría mi cabeza,
una soga embellecería mi cuello.
Unas píldoras calmarían mi hambre,
y un salto calmaría mi duelo.
Sin embargo sigues ahí,
dándome esperanza de que todo cambiará.
Me das un bocado de alegría y apacibilidad,
y tan ingenua yo, te creo y vuelvo a amar.
¡Oh, vida! No me martirices ya más.
Ya no quiero creerte, ya no me quiero ahogar.
no existe motivación,
la marginación desde pequeña me abraza
y la soledad me agarra siempre del talón.
Pero tú, vida, buscas vagas excusas
para que siga caminando,
me convences de que todo va bien,
así mintiéndome sobre mi repulsiva realidad,
sin admitir de una vez que fracaso soy
y maldita seré, en este barco náufrago
perdido en un vasto mar.
¡Oh vida mía!
Querida desalmada,
Que sin pena, me amas de alquiler
unos días sí, otros no.
Unos, para desnudarme
y otros para acariciarme.
Eres una mujer desgraciada.
¿Por qué te fijas en mí?
No vengas a darme amor de centavo.
Tu sabes que no puedo continuar,
tu sabes cuán quebrantada estoy,
¡Oh vida! Sabes lo frágil que soy.
Vienes a maltratarme,
me quieres y me desechas.
Tus pequeños pétalos me deslumbran,
tus puntiagudas espinas me lastiman.
No sé que hacer.
No sé que sentir.
¿Qué quieres de mí, vida?
No me hagas feliz
cuando fácilmente me destruyes.
¡Déjame en paz!
Déjame descansar.
Un calibre adornaría mi cabeza,
una soga embellecería mi cuello.
Unas píldoras calmarían mi hambre,
y un salto calmaría mi duelo.
Sin embargo sigues ahí,
dándome esperanza de que todo cambiará.
Me das un bocado de alegría y apacibilidad,
y tan ingenua yo, te creo y vuelvo a amar.
¡Oh, vida! No me martirices ya más.
Ya no quiero creerte, ya no me quiero ahogar.