115.LaMusa (Continuación)
... Volví a la playa por verla
y la encontré en la toalla...
¡Qué proporciones! ¡Qué talla!
... Desnuda como una perla.
Cuando me vio regresar
se giró toda coqueta
y me enseñó su raqueta,
por si quería jugar.
No me pude resistir
y le mostré yo mi pala.
Comprendió la martingala,
y me invitó a competir.
Su raqueta ella ofrecía,
y yo gustoso aceptaba,
mientras su mano empuñaba
mi pala con alegría.
Resultó ser muy mañosa
en su juego con mi pala,
de muñeca no era mala
y la usaba cadenciosa.
Con su raqueta yo hacía
muy precisas las dejadas
y cuanto más relajadas
ella más se divertía.
Calentábamos bastante
para evitar las lesiones,
fortalecer los tendones,
y estudiar al contrincante.
Con la cuestión ya madura
y con el mar muy batido
iniciamos un partido
que discurrió con bravura.
Con aparente dulzura,
a la red iba después
a rematar de revés
jugando con mi cintura.
Pero ella lo hacía bien
y se movía genial,
con las piernas fue mortal
y pronto me puso a cien.
Nunca mi pala perdía
en sus manos la firmeza
que la mujer con destreza
facilmente conseguía.
Un set completo jugamos
y lo perdí seis a dos,
pero les juro por Dios
que los dos lo disfrutamos.
Con el partido ganado
otro set quiso jugar,
yo me tuve que excusar
por su pericia agotado.
Mi pala me devolvió
y yo le di su raqueta
y sabiéndose en porreta
en el agua se metió,
y no paró de nadar
hasta llegar a una isleta
y allí puso su raqueta
mirando al sol, a secar.
xxx
Churrete
... Volví a la playa por verla
y la encontré en la toalla...
¡Qué proporciones! ¡Qué talla!
... Desnuda como una perla.
Cuando me vio regresar
se giró toda coqueta
y me enseñó su raqueta,
por si quería jugar.
No me pude resistir
y le mostré yo mi pala.
Comprendió la martingala,
y me invitó a competir.
Su raqueta ella ofrecía,
y yo gustoso aceptaba,
mientras su mano empuñaba
mi pala con alegría.
Resultó ser muy mañosa
en su juego con mi pala,
de muñeca no era mala
y la usaba cadenciosa.
Con su raqueta yo hacía
muy precisas las dejadas
y cuanto más relajadas
ella más se divertía.
Calentábamos bastante
para evitar las lesiones,
fortalecer los tendones,
y estudiar al contrincante.
Con la cuestión ya madura
y con el mar muy batido
iniciamos un partido
que discurrió con bravura.
Con aparente dulzura,
a la red iba después
a rematar de revés
jugando con mi cintura.
Pero ella lo hacía bien
y se movía genial,
con las piernas fue mortal
y pronto me puso a cien.
Nunca mi pala perdía
en sus manos la firmeza
que la mujer con destreza
facilmente conseguía.
Un set completo jugamos
y lo perdí seis a dos,
pero les juro por Dios
que los dos lo disfrutamos.
Con el partido ganado
otro set quiso jugar,
yo me tuve que excusar
por su pericia agotado.
Mi pala me devolvió
y yo le di su raqueta
y sabiéndose en porreta
en el agua se metió,
y no paró de nadar
hasta llegar a una isleta
y allí puso su raqueta
mirando al sol, a secar.
xxx
Churrete
::... besos. Chu.