Walter René
Poeta recién llegado
El día que y lo abandonó, x decidió amarse a sí mismo para llenar el vacío que aquella había dejado tras su partida. Leyó en una revista de psicología que la forma más efectiva de ser feliz es cultivar la estima. Las consonantes no saben absolutamente nada sobre cultivos; su condición ontológica las limita a ser unidades estructurales. La mayoría de veces están al servicio de las ocurrencias de la lingüística pero en apartadas ocasiones hacen de las suyas proporcionándole dolores de cabeza a la fonética. x se inundó de cuanta información llegara hasta sus trazos respecto al arte de cultivar. Consideró, después de unos días, estar capacitado para empezar la siembra. Eso de la estima le parecía extremadamente raro, en palabras simples significaba amar a x desde él mismo, como un auto-amor. Las consonantes aun siendo minúsculas (aunque también pueden ser mayúsculas) contienen muchas realidades; lo que en su realidad psicológica resultaba beneficioso, fue una catástrofe en su realidad matemática. Al amarse a sí mismo se elevó al cuadrado, esto en vez de tranquilizarlo lo alarmó y lo sumió en un prolongado estado de confusión. Para Juan auto-apreciarse era un acercamiento a la plenitud, para x significó una pérdida de personalidad. Es decir, seguía siendo él mismo pero a la vez le molestaba el dos que le colgaba en la parte de arriba de su lado derecho. Era un horror asomarse por las mañanas al espejo, darse cuenta que su estima iba en aumento en la misma proporción que otros nimios detalles. Al día quinto de su nueva vida en amor propio divisó a su lado izquierdo una cruz. Decidió pasar el día en cama para enajenarse de su actual aspecto. A la mañana siguiente comprobó con espanto que al lado de la cruz le había crecido una b que multiplicaba a una x parecida a su anterior forma y más fue su asombro al girar la vista, su ex, y, estaba a la diestra con un signo igual y él, en el trasero, estaba rematado por una hermosa a. Después de superar la emoción anterior, sucedió la catástrofe: descubrió con pavor que él era un elemento que le daba identidad a y. Aunque ésta dependiera de él, ella era la que al final expresaba el resultado. El propósito de su existencia era determinar la personalidad de y pero él al darle su personalidad, dejaba de existir. No soportando la idea de estar condenado por siempre a no ser más que una parte del mundo de su amada y no ser precisamente su mundo, decidió recurrir al suicidio y se derivó. Ahora se siente como un alcohólico en rehabilitación: no deja de presentir que al volver a ser el que era, ha perdido una parte que no lo deja ser por completo. Ya no lee revistas psicológicas y pasa todo el día con Nietzsche; consume mucho tabaco y cafeína, se desvela las madrugadas, no tiene amigos y se ha dejado la barba y cada vez que alguien predica sobre la biblia, se tapa los oídos: no quiere saber nada sobre parábolas. Es infeliz pero a cambio sigue siendo él. y, por su parte, está arrepentida de haber abandonado a x, lo extraña mucho y sueña con integrarse a él. El único problema es que sabe que una operación así no le devolvería al mismo x. Triste por esta situación, ha decidido trabajar para que otros no sufran lo que ella sufre al estar lejos de x y ha sacrificado su mundo matemático para ser una conjunción propia. Ha unido tantas parejas que su labor merece un reconocimiento. El otro día la vi en una postal que tiene mamá: Rosario y Fidencio para toda la eternidad. Aún infeliz, sabe hacer felices a los demás. Juzgue usted, lector, qué letra ha hecho mejor. Por mi parte, no me quedo con ninguna de las dos. Prefiero amarme aunque deje de ser yo a seguir siendo yo cargando una cruz.