Ahora esas manos buscan mi cuerpo
y lo alcanzan,
lo rozan impacientes
con ansias.
Yo ya no descubro
que es lo que sucede
pero si esas manos están aquí
yo ya no preciso entender.
Radica en ellas
gran parte de mi sentir
y no puedo negarles que se queden.
Pues lo he intentado
y aún así
siguieron llegando.
Además el frío entra por la ventana
ha llegado la mañana
y casi todo tiene sentido.
Pasean esas manos
libres por mi espalda
tan libres ellas
que les temo.
Mi cuello se ha convertido
en la cumbre más alta.
Caminan de una extremidad a otra
sin pedir permiso,
caprichosas.
Rozando sin tocar profundamente
ningún punto y haciéndolo a la vez.
Llevándose ellas en cada viento
alguno de mis deseos
por qué no fuertes.
Y el humo que respiran
sus manos y mis manos
es espeso.
Es el mismo que nos ha encerrado aquí.
Ese mismo humo que aparentó ser libertad
alguna mañana y hoy huele a maduro
huele ese humo
a heridas que han sanado
y otras que se están abriendo por primera vez.
y lo alcanzan,
lo rozan impacientes
con ansias.
Yo ya no descubro
que es lo que sucede
pero si esas manos están aquí
yo ya no preciso entender.
Radica en ellas
gran parte de mi sentir
y no puedo negarles que se queden.
Pues lo he intentado
y aún así
siguieron llegando.
Además el frío entra por la ventana
ha llegado la mañana
y casi todo tiene sentido.
Pasean esas manos
libres por mi espalda
tan libres ellas
que les temo.
Mi cuello se ha convertido
en la cumbre más alta.
Caminan de una extremidad a otra
sin pedir permiso,
caprichosas.
Rozando sin tocar profundamente
ningún punto y haciéndolo a la vez.
Llevándose ellas en cada viento
alguno de mis deseos
por qué no fuertes.
Y el humo que respiran
sus manos y mis manos
es espeso.
Es el mismo que nos ha encerrado aquí.
Ese mismo humo que aparentó ser libertad
alguna mañana y hoy huele a maduro
huele ese humo
a heridas que han sanado
y otras que se están abriendo por primera vez.