16. Sedecim

hunnie

Poeta novata, sarcástica y relativamente feliz.
Paseamos en un vaivén agridulcemente.
Se sintió tan fugaz,
así como perpetuo.

Retratamos panoramas
en fotografías color sepia.
Brevemente recorrimos,
todas las estaciones sin darnos cuenta.

Comenzamos por largos prados,
donde florecían espléndidos jardines,
pajarillos cantaban por todos lados,
cariñosamente algo perfumaba nuestras narices.

Nos pareció haber durado 23 primaveras,
cuando solo fueron 24 días.
Disfrutamos el florecer de las semillas
para en el verano devorarnos las frutitas.

El calor invadió impetuosamente.
La caliente brisa nos latigó con rigor.
Bebimos vino en soles ardientes,
violentamente nos emborrachamos en el ardor.

¡Qué ferviente verano!
¡Qué fogosa vacación!
Nos olvidamos enteramente del placentero viaje,
con vehemencia nos enredamos
en una efímera delectación.

De pronto todo se marchitó,
vimos todas las hojas caer.
El bello paisaje se secó,
un áspero viento azotó nuestro querer.

Ya no veíamos luz ni oscuridad,
solo un nublado gris.
En vez de ser un otoñal de majestuosidad,
se tornó en un lánguido valle sin vid.

Nos quedamos secos en el frío,
mis saladas lagrimitas se congelaron
en el invierno.
Mi desnudo caminar entumecieron
mis piesitos.
Con ansia y nostalgia,
deseo que florezca la primavera de nuevo.

Cansados de un fallido viaje,
ni siquiera pudimos revelar las foticos
del paseo.
Nos estancamos en la nieve
y con melancolía nos empalamos
témpanos de hielo.

Sangrando con agonía,
terminamos esta singular travesía.
Con escamas y moretones,
contamos los días
para saborear caramelos
con tinte sadomasoquista,
esperando a que comience
un nuevo recorrido
de angustia, dolor y delirio.
 
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Paseamos en un vaivén agridulcemente.
Se sintió tan fugaz,
así como perpetuo.

Retratamos panoramas
en fotografías color sepia.
Brevemente recorrimos,
todas las estaciones sin darnos cuenta.

Comenzamos por largos prados,
donde florecían espléndidos jardines,
pajarillos cantaban por todos lados,
cariñosamente algo perfumaba nuestras narices.

Nos pareció haber durado 23 primaveras,
cuando solo fueron 24 días.
Disfrutamos el florecer de las semillas
para en el verano devorarnos las frutitas.

El calor invadió impetuosamente.
La caliente brisa nos latigó con rigor.
Bebimos vino en soles ardientes,
violentamente nos emborrachamos en el ardor.

¡Qué ferviente verano!
¡Qué fogosa vacación!
Nos olvidamos enteramente del placentero viaje,
con vehemencia nos enredamos
en una efímera delectación.

De pronto todo se marchitó,
vimos todas las hojas caer.
El bello paisaje se secó,
un áspero viento azotó nuestro querer.

Ya no veíamos luz ni oscuridad,
solo un nublado gris.
En vez de ser un otoñal de majestuosidad,
se tornó en un lánguido valle sin vid.

Nos quedamos secos en el frío,
mis saladas lagrimitas se congelaron
en el invierno.
Mi desnudo caminar entumecieron
mis piesitos.
Con ansia y nostalgia,
deseo que florezca la primavera de nuevo.

Cansados de un fallido viaje,
ni siquiera pudimos revelar las foticos
del paseo.
Nos estancamos en la nieve
y con melancolía nos empalamos
témpanos de hielo.

Sangrando con agonía,
terminamos esta singular travesía.
Con escamas y moretones,
contamos los días
para saborear caramelos
con tinte sadomasoquista,
esperando a que comience
un nuevo recorrido
de angustia, dolor y delirio.
El final deja un suspiro donde como señalas la angustia es seduccion
de esos instantes que recreados se consideran perdidos. queda asi
una respiracion donde la metafora de la tristeza inunda el poema.
excelente. saludos amables de luzyabsenta
 

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