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La naftalina repulsiva, el humo, el petróleo, saliva de metálicos carruajes y perfumes sudorosos obtienen sosiego, un tierno crepúsculo para lamer, sin esfuerzo elevados por la húmeda calidez, son vistos desnudos extravagantes ante la nariz miope con anteojos. Pronto las cenizas foguearán transpiración radiante, y las umbrías alcobas se olvidan tristes. Hay temor por el fuego, la lluvia pistolera lanzará la balacera hacia los frascos líquidos.
Como nieve atrapante, impertinente, depresiva acarrea las arterias adecuadas para la catarsis vocalista, calando vapor ruidoso atrayente la impotencia lingüística. Entonces suspira arrogante para sanar el Alma bohemia. Oculta su faz infantil para llorar lluvia, tras las terrazas blancas magulla la Voz: se confunden los pájaros y flechas con el viento penetrante, hediondo, fútil; y el suelo bifurca tu ser inquieto, y el aire golpea el delicado goteo contra las sombras, el viento que bifurca las resonancias, los colores, las fragancias, las texturas, la Voz taciturna se turna de cantante. Y comienza la orquesta.
-Primera Sinfonía: Las capas superficiales del Hielo
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El luchador enaltece su anchura con los cinceles del contorsionista. El corazón fluorescente, llamativo, y aún mudo, del maestro dejaba brotar la daga sagaz, navegando todavía efervescente para batir la niebla espesa y ‘‘comprender al mar por su espuma’’ artificial, frívola, silicona. Es que lo extrañaba, si tuviera brazos ya habría reventado la torácica caja.
Aquella pandereta musical, tan sádica como masoquista, reía bajo la mordida. Y una costilla arrancó, porque el hijo mató a los padres para ser Dios. Es tal huérfana condición tan admirable.
Cuantas estrellas lloran y se oxidan, como máquinas, rastrillos e insensibles. ¿¡Cuánta decepción piensan que padecí!? Otra semejanza y razón cuento para ahorcarme. Todo el Cielo mecánico, y todos engañarme pensando alabar la honesta figura.
-Segunda Sinfonía: Los barriletes berrean el Sol
Ser la espuma un colmillo donde la marea explayada olea elefantes a graznar.
Los aplausos embravecían el tonel borracho, y la espátula grasosa asaba una muerta vaca. La beldad arquitectura contiene cerámicas huellas para caminar hormigueos y martilleos colgando una memoria.
Las aguas calmadas le dicen entender la acústica, le comentan dejar la distorsión porque solo la Calma se quiebra al alojarse los pulgares y rechaza observar qué habrá al fondo del estanque.
Ya el jinete desvaina los cálices.
-Tercera Sinfonía: El Fénix acude a su Suicidio
¡Oh, pobre infeliz! La risa vanidosa lastima y te abofetea el semblante ceniciento, y meditas lanzarte hacia la estaca fogosa y así puedes derramar sangrienta pólvora que renacerá tu llama (el fénix). Es densa la cera y la basura abandonada por el polvo cotidiano, pero tan orgásmico el arco tieso lanzando jeringas y brío.
Añoraba aniquilar las paredes oyentes del delirio y encierro. Pero abrir una puerta equivale perder el barco entre las maderas abundantes, y así una isla escabrosa se desvela buscándolo, y así los náufragos vivirían los lindes.
‘‘Sécame el flujo, líbrame del libertinaje. Pero, por mas afán noble, rodeas el flagelo con metálicas lenguas sin atenuar las Palabras’’.
-Cuarta Sinfonía: La Metamorfosis
Darse un minuto para ver como se escabulle y retumba como ideas.
Una noche estrellada sueña el árbol poseer voz, y no depender de pájaros e insectos, independencia, y una rama consiste en palabras brotando hojas que caerán al Suelo Celeste como pilares, durazno colgante nos mantiene despiertos con aquel sabor. Despierta exaltado violín, se ha hecho su voluntad regada por la saturación de fantasías, vendado con cuerdas, como probando apaciguar tal aprobación, como calcando dactilares huellas cuando las manos lo ensuciarán luego. Y podré narrar tantos encuentros…
Las Almas metálicas posan su nido en el viajero viento, que empollan los arrugados manteles. Tiene catarro, pero las abejas producen solo aguijones, y la miel quema gargantas: córtese el collar, la faringe será micrófono. ¿Estableceré diferencia alguna?
No importaba ya el maullido de cortezas destruidas, otro hueso se estrellará con la plástica bolsa, y el pulmón como ladrillo rompe otra mueca alegre. El izquierdo ventrículo queda ciego.
-Quinta Sinfonía: Las llanuras verdosas
La Muerte es rentable, como toda penuria fiable, el suicidio seguro y legal. Los andenes rumean sobre suelos musgosos sin hierba, para los números medir otra humana capacidad inútil, aquella tierra desnuda busca agonizante el despertador vegetal que despabile al Sol indiferente apoyado sobre la tiesa presa. Las jeringas postradas rebozan bostezos, y el ajedrez imita a la Luna. La aguja del reloj le atina al corazón con el arpa tensada, y flechado se torna nostálgico, y quiere perecer cual bondadosa rosa con la espina su herida. Crecen los espinos, desplegó las alas y planean: es un fénix incendiado, el exterior lo apaciguará.
Se olvida el tallo, la razón…
Podrás vendarte con cuerdas, pero jamás cesarás el sonoro afluente.
-Sexta Sinfonía: Los gritos Salvajes
Extendió la gama expandible del musical sonido, al ser su postulación callar la jauría urbana y no arrancar sus orejas con alfileres, uno clavado al tímpano, otro al lóbulo izquierdo… Pero inaccesible, solo importa oír los aleteos sutiles del Fénix bermellón, producir un tapón con aquella canción rebotando.
El endeble mediodía termina su Metamorfosis con la nocturna cascada, bañando toda tierra tempestad. Y cenizas del temporal raudo son caries de rutas, muriendo víctimas errantes imperceptibles: velos, libéralos de condena.
Un charco moja silencios, entre los cantos de caídas imitan su palpitar, ¡gritan, aclaman, alaban, escupen eufóricos! Que desgracia cuando aman el sentimiento nunca vivido, te ahogan, te atropellan. Pero los infantiles temores tornarse reales, invencibles, y mueres ahogado con el agua de sueños húmedos, borrador de esmalte.
Las alas de creatividad reposan sosegados e inalterables sobre las islas del café amargo y amarillos libros donde él compone, allí en suelo firme se asfixia. Las aguas oscuras tintinean, el telón se enreda.
Logra hacerte oír Corazón
Busca cómo aletear fuerte
(Con el vértigo).
-Séptima Sinfonía: El Tiempo gotea sobre el desierto
El moderno crujido del Corazón, semejante a quebrados lápices y teclados, proporcionado por el mar crujiente envuelve el latido creado por gravitatorios engranajes que mecanizan la humana cotidianidad, el balance negativo entre la Luna herida por la misma aguja flotante y la marea destructora de analógicos relojes.
El Tiempo goteará sobre el desierto insatisfecho, pero ninguna vez alguna retoñará, crecerán las inyecciones.
Encuentra salida, tiemblan sus huesos, evoca las guitarras despiertas y el asiduo mar analgésico, ¿por qué no cantas ni te atreves a salvarte?
-Octava Sinfonía: Los olvidos sombrean el Presente
La sombre de aquella voz inducía sensaciones confusas: suministraba desolados inviernos, tomaba cuerpo en la Oscuridad. Pero solo faltaba sangrar y así respirar dolor viviente: por eso sangran los caracoles, rompe los caparazones, y por él sangramos Vida. La textura aterciopelada me hacia abrazarlo, cuando rodeado de navajas estaba.
Desinflan nubes rayos turbios.
‘‘Me aflige tal semejanza, decirte tus llagas imitan las vibraciones de mi guitarra al temblar. La acarició, cuando toco ella teme. Estando la experiencia ser aquello, recuerdo las hemorragias al golpearlas, cuando pruebo sanarla’’.
-Novena Sinfonía: Muere otro Artista
Las ventanas dan boletos de ilusión estúpida. Las sombras son el tambaleo del inconsciente, y el eco de tu voz es la Sombra.
Porque sufres por ellos
Porque mueres por ellos
‘‘Detén su revoloteo, conforma lo inservible y desechable. Caerá como balas y plomo, un disparo sobre la sien. Así oirán solo la Voz. ¿Cómo frenarlo? Clávale las astillas, sobrevive sin hálito, mantente despierto sin morir’’.
‘‘La Voz solo se nutre del exterior, es una ajena intervención. Respira hondo, tal ventisca proviene de allí y transpórtalo con el hecho puente. Solo tu Corazón es la única genuina Voz, el sincero gesto acorde al sentimiento’’.
Pero cualquier Sonido genera el Eco, la Sombra o el Olvido.
Y el Corazón estalla sus ostras, y vuela el autónomo fuego respirable a terminar el incendio con el empapado ambiente, y las plumas son mi intención de escribir, y los recuerdos, la tumba.
Quieres morir, pero el Eco converge para mantenerte en pie, y te amarran los hilos, ya eres marioneta; y sufres demasiado si tu petición es morir.
Ovación. Termina la función. Se cierne el Telón.
Maravilloso, un escrito maravilloso, no sé si es mas filosófico que surrealista pero seguramente, amigo, que nadie niega la grandiosidad y la profundidad de lo evocado. Confesiones descriptivas... Sobre dos mundos, exterior e interior....Gracias por compartir, mis abrazos y felicitaciones.
Un charco moja silencios, entre los cantos de caídas imitan su palpitar, ¡gritan, aclaman, alaban, escupen eufóricos! Que desgracia cuando aman el sentimiento nunca vivido, te ahogan, te atropellan. Pero los infantiles temores tornarse reales, invencibles, y mueres ahogado con el agua de sueños húmedos, borrador de esmalte.
Mira, sinceramente entré a leerte por curiosidad, motivado por tu título. Me ha gustado bastante tu estilo, aunque pienso que le falta a este escrito bastante pulido, tarea de paciencia: revisar la ortografía, revisar la puntuación. Si aspiras, como he leído en un comentario anterior, a la perfección, debes ejercitarte en esta tarea de revisión de tu escrito.
abrazo
j.
Vaya, no solo te aplaudo y te felicito,
realmente una hermosa compocisión, como alguien dijo por ahí, esta debería ser tu obra maestra,
tienes un talento muy hermoso;
un lenguaje esquisito en cuanto a la literatura se refiere,
además de ello las metaforas que usas es impresionante,
TE ADMIRO, ojala un día escriba como tú.
Desde el título hasta el último latido ha sido
un honor rrecorrer estas 9 sinfonías.
REPUTACIÓN y bien merecida, besos y abrazos desde mi BOLIVIA.
PDT...Ojala me enseñes un poco de tu arte.....:::hug:::
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