...

En el día más feliz de mi vida nací llorando barro,
Fui triste y hermoso a la vez, sucumbí rodando bajo,
logré ver todas las miradas y las risas, ¡tu sonrisa!
Supe lo que es vivir, y morir sin que tus manos estén.
¡Creí conocer el Bien pero me calmó el Mal, el desdén!
Arrojé poesías envenenadas pero solemnes desde la cornisa


En este único día pude verle la cara a mis mentiras,
al armonioso tibio, a el susurro infernal de mis pupilas,
que al ver horrorizado las amarguras que mi piel desata,
¡Entienden por fin la oscuridad, cual tela de arañas!
Ecos de amantes, joyas y coronas oxidadas de plata.
¡Entienden al fin, que Dios etéreo, es Dios que engaña!


Tantas cosas fugaces yo sentí ese día, casi muerte ¡casi vida!
¡Odié tu ser hasta rendirme en el llanto inocuo de la risa!
Lloré, grité, pregunté dónde tus manos se han acostado,
creé de papel tus ojos, lloré hasta que juntos hicimos arte,
llore sobre la sal, lastimé mi envidia blanca al recordarte,
no hay paraíso para mí, ¡espero con tu fuego ser cremado!


Cuando mi día terminaba, tú aun alumbrabas.
En el día más feliz de mi vida cerré los ojos…
… sin deber nada a la vista
.​


Puede la ironía dar nombre a ese nacer y morir o puede la muerte ser causa de un renacer. La subjetividad en estado puro...

Saludos y felicidades por el poema.

Palmira
 

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