Qué triste...
Y es que uno pensaría que es en el silencio y la oscuridad cuando mejor se escucha y se ve al pensamiento y es por tal razón, la necesidad del aislarse. Seguramente, digo, seguramente, por mucho que el sol no quiera oírla, ella siempre sabe cómo hacerse oír (a menos, claro que alguien la cierre la boca con unos cuantos somniferoso a la miserable). Digo, de algo deben servir tres meses de invierno multiplicados por algunos años.
Un placer siempre, Danie
Abrazo