Y todo se volvió fuego
evaporado por el sol inmenso
en este cuerpo putrefacto
que encerré en mi despacho.
Ahora todo estalla, todo sale;
no hay alma que se quede.
Solo moscas en el aire,
aire de paz, aire de libertad.
Con mi pluma en mano
escribo sobre mi duda,
una lluvia de estruendo
que al fin se despeja.
Termino mi frase
y comienza la otra,
se rompen mis entrañas
y desatan las plagas.
Es hora, tarde y mañana.
Cubiertas en la nevada
como hoja en el agua
desaparece este escrito de la nada.