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Qué decir o qué oler, de tus parpados funestos

Qué llaman y desgarran las pisadas nunca dadas

Los cantos del otro que tanto he predicado

No existen, ni siquiera aparecen.

Soy yo, menos que la voluntad de un dios casi muerto y cansado

Soy yo, menos que el alambrado después de un tornado,

Menos y más que tu espíritu fallido


Quién sos, que me escribes y me cantas y me encantas

Quiénes somos si nunca llegamos a vernos de a tres,

ni siquiera como un cuerpo,

Es nuestro gran problema, como decía el poeta,

Somos el dos, el de la pena, mi pena.

Quienes seremos sino estatuas hermosas y vírgenes,

Castrados y apoderados de los instrumentos mudos,

De los insectos perennes,

Y de las musas vestidas de verdugos.


Quién seré, mi diosa, mi candorosa palabra esdrújula

Cuando te vayas por fin, cuando vivas de nuevo sin mí,

Ni cómo uno, ni cómo dos, ni cómo tres.

Cómo un millón, un conjunto infinito de posibilidades,

De muerte, de vida, y de brillo detrás de tus ojos
Honestamente, hay mucha "poesía" por ahí con mucho menos sustancia que está siendo comentada. Ya ni trato de pensar el lo que está pasando ( como por ejemplo en los cúmulos de sin sentido) Saludos, Sotomonte.
 
Qué decir o qué oler, de tus parpados funestos

Qué llaman y desgarran las pisadas nunca dadas

Los cantos del otro que tanto he predicado

No existen, ni siquiera aparecen.

Soy yo, menos que la voluntad de un dios casi muerto y cansado

Soy yo, menos que el alambrado después de un tornado,

Menos y más que tu espíritu fallido


Quién sos, que me escribes y me cantas y me encantas

Quiénes somos si nunca llegamos a vernos de a tres,

ni siquiera como un cuerpo,

Es nuestro gran problema, como decía el poeta,

Somos el dos, el de la pena, mi pena.

Quienes seremos sino estatuas hermosas y vírgenes,

Castrados y apoderados de los instrumentos mudos,

De los insectos perennes,

Y de las musas vestidas de verdugos.


Quién seré, mi diosa, mi candorosa palabra esdrújula

Cuando te vayas por fin, cuando vivas de nuevo sin mí,

Ni cómo uno, ni cómo dos, ni cómo tres.

Cómo un millón, un conjunto infinito de posibilidades,

De muerte, de vida, y de brillo detrás de tus ojos
Muy bello poema en su melancólico mensaje, sensible escritura para un sentido contenido, me ha gustado mucho amigo Sotomonte. Un abrazo. Paco.
 
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