rasec anevar
Poeta recién llegado
Mañana normal en meses de ocio. Un café con leche, actitud distraída,
recién salido de sueños, concentrado en la nada y fuego recién encendido.
Ruido de gallinas; Aleteos, cacareos y salgo de mi trance.
Porque en mi casa no criamos aves,
con suerte un perro en el patio trasero. Dinosaurio encerrado.
Los vecinos si tenían gallinas.
Un par de castellanas que solían pasear
esta vez saltando un cerco peligroso. Frontera de palos.
Diferencia entre morir mutiladas o rebosadas en una cazuela;
navegando desplumadas en un mar hirviente,
acompañadas de papas, zapallos y otras verduras. Caldo virgen.
El perro mató a la primera gallina y dejó un crujido de huesos en el aire.
Llegue y vi sangre sobre el pasto.
Había que actuar rápido.
Busque una bolsa y en la cocina una cacerola.
La segunda no corrió mejor suerte. Intento escapar, quedó a media ala
y murió en un zamarreo de plumas.
Volví por otra bolsa...
otra olla y mas fuego.
Limpie lo que pude.
La mancha bermellón se deshacía entre la hierba
No se distinguía el delito:
pero aun estaban los cuerpos.
Cuando volví a la mesa mi taza estaba fría,
un sabor a sangre y plumas la mando al desagüe.
Por la ventana había un sol cotidiano,
el perro se estiraba despreocupado,
las cacerolas hervían a fuego vivo
y ya era algo tarde para desayunar.
recién salido de sueños, concentrado en la nada y fuego recién encendido.
Ruido de gallinas; Aleteos, cacareos y salgo de mi trance.
Porque en mi casa no criamos aves,
con suerte un perro en el patio trasero. Dinosaurio encerrado.
Los vecinos si tenían gallinas.
Un par de castellanas que solían pasear
esta vez saltando un cerco peligroso. Frontera de palos.
Diferencia entre morir mutiladas o rebosadas en una cazuela;
navegando desplumadas en un mar hirviente,
acompañadas de papas, zapallos y otras verduras. Caldo virgen.
El perro mató a la primera gallina y dejó un crujido de huesos en el aire.
Llegue y vi sangre sobre el pasto.
Había que actuar rápido.
Busque una bolsa y en la cocina una cacerola.
La segunda no corrió mejor suerte. Intento escapar, quedó a media ala
y murió en un zamarreo de plumas.
Volví por otra bolsa...
otra olla y mas fuego.
Limpie lo que pude.
La mancha bermellón se deshacía entre la hierba
No se distinguía el delito:
pero aun estaban los cuerpos.
Cuando volví a la mesa mi taza estaba fría,
un sabor a sangre y plumas la mando al desagüe.
Por la ventana había un sol cotidiano,
el perro se estiraba despreocupado,
las cacerolas hervían a fuego vivo
y ya era algo tarde para desayunar.