Edgar Elias
Poeta recién llegado
El dromedario de la uña de un Dios benévolo.
Acaricia mi garganta de lemures.
Roncan los paracaídas del silencio.
El llanto celeste de la madrugada
hay un romance de góndolas
Que sobrevuelan las cordilleras de tu espalda
Al incinerar el poema en tu boca.
Ese beso tan lleno de reliquias.
Abrir los ojos de la música. Bajo el tórax del infinito.
Una bestia de azucenas y labios de reloj. Duerme en la misericordia de la noche. Aniquila lo sanguíneo de este graznido de los dias. Me he atascado en la memoria de un barco sin ancla. Donde un guiño perpetuo sostiene la luz de esta llama. Ungeme en tus clavículas repletas amor por el susurro del tiempo.
El abecedario del trueno que te habla.
Ven , levantate Lázaro se mis venas dijiste.
Y como ave peregrina en tu seno, arrullaste esta ventriloquia de cordero obediente.
El mar ha muerto, cuándo entraron las olas a tu redondez de inquietud, intimidando lo feroz de este vuelo.
Como una selva, vinieron todos los suspiros del mundo, a dejarme las palmas en mis hombros, lo sabio del sombrero, reconociendo tu belleza de todos los cielos como la golondrina que mima el esperpento de la armadura.. Los hombres del ecuador, mandaron un retrato de una ballena como galardón de venado por este 9° Ataúd que el mar ha visto sostener el sol como cerrojo de todos los sueños encerrados en tus ojos. Y yo que nací entre las arrugas del péndulo. Te vesti de primavera en todo mmomento. Más aún un vino un huracán mordiendo mi carne, y abrieron la tierra y fue que sucedieron los mares y el sepulcro relinchando la vida de taquicardia en taquicardia te posas en mi vecindario de aves y es que muero cada que la curva de tu himno, me insita a las profundidades del océano anciano de mi párpado.
P.N
Acaricia mi garganta de lemures.
Roncan los paracaídas del silencio.
El llanto celeste de la madrugada
hay un romance de góndolas
Que sobrevuelan las cordilleras de tu espalda
Al incinerar el poema en tu boca.
Ese beso tan lleno de reliquias.
Abrir los ojos de la música. Bajo el tórax del infinito.
Una bestia de azucenas y labios de reloj. Duerme en la misericordia de la noche. Aniquila lo sanguíneo de este graznido de los dias. Me he atascado en la memoria de un barco sin ancla. Donde un guiño perpetuo sostiene la luz de esta llama. Ungeme en tus clavículas repletas amor por el susurro del tiempo.
El abecedario del trueno que te habla.
Ven , levantate Lázaro se mis venas dijiste.
Y como ave peregrina en tu seno, arrullaste esta ventriloquia de cordero obediente.
El mar ha muerto, cuándo entraron las olas a tu redondez de inquietud, intimidando lo feroz de este vuelo.
Como una selva, vinieron todos los suspiros del mundo, a dejarme las palmas en mis hombros, lo sabio del sombrero, reconociendo tu belleza de todos los cielos como la golondrina que mima el esperpento de la armadura.. Los hombres del ecuador, mandaron un retrato de una ballena como galardón de venado por este 9° Ataúd que el mar ha visto sostener el sol como cerrojo de todos los sueños encerrados en tus ojos. Y yo que nací entre las arrugas del péndulo. Te vesti de primavera en todo mmomento. Más aún un vino un huracán mordiendo mi carne, y abrieron la tierra y fue que sucedieron los mares y el sepulcro relinchando la vida de taquicardia en taquicardia te posas en mi vecindario de aves y es que muero cada que la curva de tu himno, me insita a las profundidades del océano anciano de mi párpado.
P.N