carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ahora que tu cadáver navega
y pudre sus memorias
con heridas sobre algas
y con orgullos en minerales de marisma,
en caracoles de lapacha, queda
tu limpio nombre.
He ordenado que unas manos
de las aguas te saquen
pero que no te toquen
los mustios de cante jondo,
murrios cascabeleros de zarzuelas.
Que no te toquen
porque todavía estás muerto y mojado.
Háganse respetar en tí
y, si es posible,
que por tí lo hagan en luto
aunque teman...
Echad a puntapiés, digo en tu nombre,
a los tahures, a las falsas consignas
que valen menos que el instinto.
A puntapiés expulsen al que reza
esclavitud de labios,
embriaguez de pasiones,
anarquismo rancio,
aristocracia añeja,
envidia europeizada,
a puntapiés al militar de marras
que declama y gesticula
con versos inexactos
de patria, amor, concordia, orgullo,
y es el espíritu del mapiango uniformado
que con manos torcidas y feas
se coloca los guantes de maneca,
mátalas callando y se enchufa
para tapar al sol
de una España española
bien soñada.
8-12-1978
-------
Este poema perteneció a una colección que preparaba titulándola «Libro de suicidas»; tenía casi cien poemas dedicados a estos seres tronchados por su propia mano y voluntad; me dio terror de mi obsesión con ellos y los tiré casi todos; a veces aparecen otra vez, como si de veras los recordara, pero yo sé que son distintas. Salvo la esencia de estos hombres con algún pensamiento sobre ellos, como es éste sobre ese español tan maravilloso que fue Ganivet, de la Generación del '98.
y pudre sus memorias
con heridas sobre algas
y con orgullos en minerales de marisma,
en caracoles de lapacha, queda
tu limpio nombre.
He ordenado que unas manos
de las aguas te saquen
pero que no te toquen
los mustios de cante jondo,
murrios cascabeleros de zarzuelas.
Que no te toquen
porque todavía estás muerto y mojado.
Háganse respetar en tí
y, si es posible,
que por tí lo hagan en luto
aunque teman...
Echad a puntapiés, digo en tu nombre,
a los tahures, a las falsas consignas
que valen menos que el instinto.
A puntapiés expulsen al que reza
esclavitud de labios,
embriaguez de pasiones,
anarquismo rancio,
aristocracia añeja,
envidia europeizada,
a puntapiés al militar de marras
que declama y gesticula
con versos inexactos
de patria, amor, concordia, orgullo,
y es el espíritu del mapiango uniformado
que con manos torcidas y feas
se coloca los guantes de maneca,
mátalas callando y se enchufa
para tapar al sol
de una España española
bien soñada.
8-12-1978
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Este poema perteneció a una colección que preparaba titulándola «Libro de suicidas»; tenía casi cien poemas dedicados a estos seres tronchados por su propia mano y voluntad; me dio terror de mi obsesión con ellos y los tiré casi todos; a veces aparecen otra vez, como si de veras los recordara, pero yo sé que son distintas. Salvo la esencia de estos hombres con algún pensamiento sobre ellos, como es éste sobre ese español tan maravilloso que fue Ganivet, de la Generación del '98.