R i g o
Poeta reconocido.
A estas alturas de la sangre
El tigrillo cantó hasta las once de la noche,
con los ojos bien abiertos, parado en su palo
Encerrado en la vieja jaula amarilla por la que transcurrió su vida.
La rata, sombra entre sombras, asomó su trompa por el agujero.
El tigrillo paró de chiflar.
La rata, toda garras, trepó por la mesa y, agazapada, avanzó.
La noche, como un bloque negro. El tigrillo, sacó su pico de la jaula,
para mirar
¡Salta la rata y con el hocico muerde el pico, con las garras sujeta
La cabeza, con las uñas saca los ojos, con los dientes mastica el hueso!
Plumas esparcidas, el pajarillo quedó tendido sobre el periódico de la jaula,
la rata, torpe de la punta de la trompa a la punta de la cola, no supo sacarlo.
Por la mañana la vecina tomó al cadáver entre sus manos,
Y solemnemente
lo envolvió, con cuidado, en una hoja de periódico, que convirtió en ataúd puntiagudo.
Cuando hincada preparaba la tierra de la maceta para enterrarlo, miró, por un momento, el sudario de papel.
Sobresalía una pequeña nota de prensa:
Israel lanza nueva ofensiva contra Gaza.
Volteó hacia el cielo, azul, caliente. Luego, tras limpiarse el sudor de la frente, enterró al tigrillo
Junto a todos los demás.
El tigrillo cantó hasta las once de la noche,
con los ojos bien abiertos, parado en su palo
Encerrado en la vieja jaula amarilla por la que transcurrió su vida.
La rata, sombra entre sombras, asomó su trompa por el agujero.
El tigrillo paró de chiflar.
La rata, toda garras, trepó por la mesa y, agazapada, avanzó.
La noche, como un bloque negro. El tigrillo, sacó su pico de la jaula,
para mirar
¡Salta la rata y con el hocico muerde el pico, con las garras sujeta
La cabeza, con las uñas saca los ojos, con los dientes mastica el hueso!
Plumas esparcidas, el pajarillo quedó tendido sobre el periódico de la jaula,
la rata, torpe de la punta de la trompa a la punta de la cola, no supo sacarlo.
Por la mañana la vecina tomó al cadáver entre sus manos,
Y solemnemente
lo envolvió, con cuidado, en una hoja de periódico, que convirtió en ataúd puntiagudo.
Cuando hincada preparaba la tierra de la maceta para enterrarlo, miró, por un momento, el sudario de papel.
Sobresalía una pequeña nota de prensa:
Israel lanza nueva ofensiva contra Gaza.
Volteó hacia el cielo, azul, caliente. Luego, tras limpiarse el sudor de la frente, enterró al tigrillo
Junto a todos los demás.