Nubes que acolchan al fuego
de la vida, con gotas de niebla
que lo hacen sufrir hasta que muera.
Para el cielo es un simple juego.
Y si los rincones me preguntan porqué no muero,
tendré que decir, con aire de fiera,
que el arte de morir no lo tiene cualquiera,
solo lo tienen los pies del suelo.
Que aunque la llama de la vida
sea atacada por los Duendes
de la manda de vapor de hielo,
el hielo no es más que agua inerte.
Sin moverse altiva, ni produce miedo.
La llama seguirá prendida.