Osidiria
Poeta asiduo al portal
Primera
Me propusieron una noche de lujuria
con una muñeca de cobre sin cortes ni censura
ni labios partidos en dos por ningún ataque de celos,
al hilo musical la última moda en aventuras clandestinas,
“no harán falta versos ni poemas”, me aseguraron,
solo una cremallera de gelatina que se derrita al primer beso
porque seguramente que lo que venga después
no sea contenido apto para publicarlo aquí.
Segunda o no
Gachas frías con cuchillo y tenedor
todos alrededor de la sartén y sin balar porque te quitan la ración,
la princesa no era de cobre sino de latón,
la noche se torció en cuanto la vi pasar y me pidió
mi carné de socio del banco de esperma,
me hice el interesante para disimular pero de nada sirvió,
de tanto esperar la resistencia del colchón de agua se rompió
y así no hay quien asegure una buena eyaculación.
Tercera y a saber
¡Ay señor qué cruz!
con las del montón que hay por ahí
y me encontré con un motín en mi propia habitación,
Aquiles tenía su talón, Sansón odiaba los peluqueros
y yo tuve que desplegar todo mi arsenal de seducción
ante una estructura de alambre y bramante
que se hacía pasar por mujer.
Cuarta, ésta sí que no.
***
**
*
Me propusieron una noche de lujuria
con una muñeca de cobre sin cortes ni censura
ni labios partidos en dos por ningún ataque de celos,
al hilo musical la última moda en aventuras clandestinas,
“no harán falta versos ni poemas”, me aseguraron,
solo una cremallera de gelatina que se derrita al primer beso
porque seguramente que lo que venga después
no sea contenido apto para publicarlo aquí.
Segunda o no
Gachas frías con cuchillo y tenedor
todos alrededor de la sartén y sin balar porque te quitan la ración,
la princesa no era de cobre sino de latón,
la noche se torció en cuanto la vi pasar y me pidió
mi carné de socio del banco de esperma,
me hice el interesante para disimular pero de nada sirvió,
de tanto esperar la resistencia del colchón de agua se rompió
y así no hay quien asegure una buena eyaculación.
Tercera y a saber
¡Ay señor qué cruz!
con las del montón que hay por ahí
y me encontré con un motín en mi propia habitación,
Aquiles tenía su talón, Sansón odiaba los peluqueros
y yo tuve que desplegar todo mi arsenal de seducción
ante una estructura de alambre y bramante
que se hacía pasar por mujer.
Cuarta, ésta sí que no.
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