Se fue Antonio, y con él, un rayo de sol verde,
un susurro de palmas y mares, un himno de patria.
Se fue entre la brisa de una tarde,
dejándonos su canto como una caricia eterna.
Bajó por las calles del recuerdo,
donde los adoquines aún vibran con su melodía.
Antonio, con su guitarra, dibujaba sueños
en cada rincón de nuestra isla de esmeralda.
En la penumbra de la nostalgia,
las notas de "Verde luz" nos iluminan,
un faro en la noche de ausencias,
una promesa de esperanza y libertad.
Allí, en el rincón de los inmortales,
se alza un árbol de luz verde,
donde las almas de los patriotas
cantan al unísono, celebrando la vida,
la resistencia, la poesía, la canción.
Antonio, eterno trovador, sigues vivo
en cada verso, en cada acorde,
en cada corazón boricua que canta
tu "Verde luz" bajo el cielo de nuestra tierra.
un susurro de palmas y mares, un himno de patria.
Se fue entre la brisa de una tarde,
dejándonos su canto como una caricia eterna.
Bajó por las calles del recuerdo,
donde los adoquines aún vibran con su melodía.
Antonio, con su guitarra, dibujaba sueños
en cada rincón de nuestra isla de esmeralda.
En la penumbra de la nostalgia,
las notas de "Verde luz" nos iluminan,
un faro en la noche de ausencias,
una promesa de esperanza y libertad.
Allí, en el rincón de los inmortales,
se alza un árbol de luz verde,
donde las almas de los patriotas
cantan al unísono, celebrando la vida,
la resistencia, la poesía, la canción.
Antonio, eterno trovador, sigues vivo
en cada verso, en cada acorde,
en cada corazón boricua que canta
tu "Verde luz" bajo el cielo de nuestra tierra.