Juan Palacios
Poeta recién llegado
El colmo de su indiferencia
La alcanza en su alcoba,
En la madrugada, a las altas horas,
Cuando su conciencia,
Maniatada de reproches,
Sacude la mente de tal sujeto
Cual vil y rastrero alimoche,
Enterada de las perjurias, astucias y derroches,
Amasadas, asquerosas y apilados en la ropa
Del estuche del rufián de tal relocho.
El pan que comió anoche,
Le supo a puchero de pobre,
A amor sin encrucijada,
A vino de las desgracias.
Lo que de más posea, lo que de más domine,
De más le vaciará.
Porque su vaso ya está bozando
Por el envés y por el haz,
Porque de tan fatua y plana sapiedad,
Envés y haz apetece utilizar.
Y por último decir sin desazón,
Que a un corazón de pocas palabras,
La pluma le habeis agitado,
Y que con un poco de poesía macabra
Vuestra definición os ha versado.
La alcanza en su alcoba,
En la madrugada, a las altas horas,
Cuando su conciencia,
Maniatada de reproches,
Sacude la mente de tal sujeto
Cual vil y rastrero alimoche,
Enterada de las perjurias, astucias y derroches,
Amasadas, asquerosas y apilados en la ropa
Del estuche del rufián de tal relocho.
El pan que comió anoche,
Le supo a puchero de pobre,
A amor sin encrucijada,
A vino de las desgracias.
Lo que de más posea, lo que de más domine,
De más le vaciará.
Porque su vaso ya está bozando
Por el envés y por el haz,
Porque de tan fatua y plana sapiedad,
Envés y haz apetece utilizar.
Y por último decir sin desazón,
Que a un corazón de pocas palabras,
La pluma le habeis agitado,
Y que con un poco de poesía macabra
Vuestra definición os ha versado.
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