A mi madre enferma

Rosendo

Poeta adicto al portal
Este poema, amigos, con tristeza lo he hecho
al mirar a mi madre cuya expresión me mueve…
Y al oír sus lamentos con marcado relieve
siento que un dardo hiriente se me clava en el pecho.

Y con amor ferviente me acerco hasta su lecho
en el momento largo, aunque parece breve;
y al contemplar sus ojos mi alma se conmueve
al ver sus brillos tenues en el recinto estrecho.

Aún me reconoce y balbucea mi nombre,
sin el timbre de antaño elocuente y sonoro,
por eso con lamentos, y que a ninguno asombre

que le diga en mis versos que es mi mayor tesoro,
que siempre la venero, y con lágrimas de hombre
también le diga ¡Madre, mi bien, cuánto te adoro!.
 
Última edición:
Este poema, amigos, con tristeza lo he hecho
al mirar a mi madre cuya expresión me mueve…
Y al oír sus lamentos con marcado relieve
siento que un dardo hiriente se me clava en el pecho.

Y con amor ferviente me acerco hasta su lecho
en el momento largo, aunque parece breve;
y al contemplar sus ojos mi alma se conmueve
al ver sus brillos tenues en el recinto estrecho.

Aún me reconoce y balbucea mi nombre,
sin el timbre de antaño elocuente y sonoro,
por eso con lamentos, y que a ninguno asombre

que le diga en mis versos que es mi mayor tesoro,
que siempre la venero, y con lágrimas de hombre
también le diga ¡Madre, mi bien, cuánto te adoro!.
Los que por desgracia y edad hemos pasado por ese trance comprendemos tu dolor expresado en tu sentida composición. Un abrazo. Bernardo de Valbuena
 
Este poema, amigos, con tristeza lo he hecho
al mirar a mi madre cuya expresión me mueve…
Y al oír sus lamentos con marcado relieve
siento que un dardo hiriente se me clava en el pecho.

Y con amor ferviente me acerco hasta su lecho
en el momento largo, aunque parece breve;
y al contemplar sus ojos mi alma se conmueve
al ver sus brillos tenues en el recinto estrecho.

Aún me reconoce y balbucea mi nombre,
sin el timbre de antaño elocuente y sonoro,
por eso con lamentos, y que a ninguno asombre

que le diga en mis versos que es mi mayor tesoro,
que siempre la venero, y con lágrimas de hombre
también le diga ¡Madre, mi bien, cuánto te adoro!.
Te abrazo, Rosendo.
 
sentidos y dolidos versos, pero esto, sin duda...
¡Madre, mi bien, cuánto te adoro!
es lo que más me ha gustado, porque esa adoración sentimos por Ellas, en vida, y como en mi caso,
también cuando trascienden en el más allá. Mis saludos cordiales y un abrazo con respeto, Poeta.
 
Este poema, amigos, con tristeza lo he hecho
al mirar a mi madre cuya expresión me mueve…
Y al oír sus lamentos con marcado relieve
siento que un dardo hiriente se me clava en el pecho.

Y con amor ferviente me acerco hasta su lecho
en el momento largo, aunque parece breve;
y al contemplar sus ojos mi alma se conmueve
al ver sus brillos tenues en el recinto estrecho.

Aún me reconoce y balbucea mi nombre,
sin el timbre de antaño elocuente y sonoro,
por eso con lamentos, y que a ninguno asombre

que le diga en mis versos que es mi mayor tesoro,
que siempre la venero, y con lágrimas de hombre
también le diga ¡Madre, mi bien, cuánto te adoro!.

Que belleza entre tanto dolor, es que el amor a una madre es inigualable. Es un amor infiniito y puro, somos sus hijos un pedacito de carne y latido. Te abrazo hasta el infinito de tus cielos.
 
Este poema, amigos, con tristeza lo he hecho
al mirar a mi madre cuya expresión me mueve…
Y al oír sus lamentos con marcado relieve
siento que un dardo hiriente se me clava en el pecho.

Y con amor ferviente me acerco hasta su lecho
en el momento largo, aunque parece breve;
y al contemplar sus ojos mi alma se conmueve
al ver sus brillos tenues en el recinto estrecho.

Aún me reconoce y balbucea mi nombre,
sin el timbre de antaño elocuente y sonoro,
por eso con lamentos, y que a ninguno asombre

que le diga en mis versos que es mi mayor tesoro,
que siempre la venero, y con lágrimas de hombre
también le diga ¡Madre, mi bien, cuánto te adoro!.


Cuanta emoción he sentido!!
tu poema me ha llegado al alma
no es verso, es gemido!!
es el desgarro de tu corazón el que clama!!
 
Este poema, amigos, con tristeza lo he hecho
al mirar a mi madre cuya expresión me mueve…
Y al oír sus lamentos con marcado relieve
siento que un dardo hiriente se me clava en el pecho.

Y con amor ferviente me acerco hasta su lecho
en el momento largo, aunque parece breve;
y al contemplar sus ojos mi alma se conmueve
al ver sus brillos tenues en el recinto estrecho.

Aún me reconoce y balbucea mi nombre,
sin el timbre de antaño elocuente y sonoro,
por eso con lamentos, y que a ninguno asombre

que le diga en mis versos que es mi mayor tesoro,
que siempre la venero, y con lágrimas de hombre
también le diga ¡Madre, mi bien, cuánto te adoro!.
Qué bello y qué penita da ver a tu madre en su lecho , alguien en quien siempre hemos tenido un apoyo incondicional, alguien que siempre amaremos hasta la eternidad, eso duele y mucho, tanto que nuestra alma se hace añico cuando no podemos hacer nada por aliviar su dolor, qué pena y que bello cuando esos sentimientos tan profundos llegan en forma de versos, un saludo Rosendo
 

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