carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
Este vino, color ojo de gallo, es sabor de escondites.
Y baja a mi garganta como sustancia
que valoro y bebo a gusto.
En la trastienda de mi placer, ufano, se remulle
el viento tenue y penetrante. Que Shekinah
avanza ha de ser. Ella avanza en luna Nueva.
Este ojo de boticario que ahora te describe
un huracán de calma y ensueño, ha de ser ella
con sus ojos de ágata o de cimófana y tigre.
Es el verde horizonte y el prado
y la paronza. Es la cueva elíptica y el diseño
que llevara al manantial donde ella vive.
La niña que salta la cuica te reclama para ese aroma
de vino y añejada luz que se llama La Carne,
copa de Keter desde el origen, vaso humano.
Y la niña que saltará a tu copa es la dueña
de tus ojos; otras niñas han saltado en los míos.
Déjala que ponga su mejilla y te remulla
con el calor de una brasa.
Hasta el beberse un vino
nos calienta la cara.
¡Cariciosamente!
No digas si de la copa juntos beben y se sacian…
Ebrios de amor, ya no se mira más el vino
y, por salvahonor, más se sienten los muslos
y la humedad de la amada, pues nada de ella
es fruto seco ni más salud tiene que los fresnos.
Ya son vigías de la noche; se han besado
y es vulvoso promontorio el poder de Shekinah.
Sube a sus muslos porque ella ha cerrado
las compuertas de sus ojos serraniegos
y levantó sus tobillos y codos a los cielos.
13-9-1989
16.
Nos toca alguna vez decir…
«Se acabó la emoción que te entretuvo.
Se cerró la Puerta de Dalet para que pase
la muerte y entre a los olambrillos de su calle
a ciegas, a tientas y, en fin, que busque la quidad
en cada cosa, menos en tí. Ya no, su mundo».
Puedes decir que le romperás la nariz
con el portazo, cuernos con tu desprecio.
Que no vuelva a asomarse, o levantar
los techos en Salamanca, porque no puede
ser eterno ese herirse y ese padecer
con que persiste y los que aman
y juntos beben del mismo Vino
quieren su paz, morir en su recuerdo.
Se quebró el ojo del diablo que miraba en secreto,
espiosamente, en la cuenca protegida del corazón
en ascenso y el cubo de tus protecciones en la Luz.
El acto final fue cuando encendíste tus ojos,
ojos menos parleros que los ojos del mundo,
ojos de buen cubero que se meten en la mentira
y la acusan y delatan porque con la agudeza precisa
abaten la distancia, el desafecto y la inquina.
Ojos que instan a que no los mires,
ojos que siendo colectivos, por hermosos,
son genuinos, ¿quién puede resistirles su mirada?
7-03-1994 / Del libro inédito «Teth mi serpiente»
http://carloslopezdzur.blogspot.com/
Y baja a mi garganta como sustancia
que valoro y bebo a gusto.
En la trastienda de mi placer, ufano, se remulle
el viento tenue y penetrante. Que Shekinah
avanza ha de ser. Ella avanza en luna Nueva.
Este ojo de boticario que ahora te describe
un huracán de calma y ensueño, ha de ser ella
con sus ojos de ágata o de cimófana y tigre.
Es el verde horizonte y el prado
y la paronza. Es la cueva elíptica y el diseño
que llevara al manantial donde ella vive.
La niña que salta la cuica te reclama para ese aroma
de vino y añejada luz que se llama La Carne,
copa de Keter desde el origen, vaso humano.
Y la niña que saltará a tu copa es la dueña
de tus ojos; otras niñas han saltado en los míos.
Déjala que ponga su mejilla y te remulla
con el calor de una brasa.
Hasta el beberse un vino
nos calienta la cara.
¡Cariciosamente!
No digas si de la copa juntos beben y se sacian…
Ebrios de amor, ya no se mira más el vino
y, por salvahonor, más se sienten los muslos
y la humedad de la amada, pues nada de ella
es fruto seco ni más salud tiene que los fresnos.
Ya son vigías de la noche; se han besado
y es vulvoso promontorio el poder de Shekinah.
Sube a sus muslos porque ella ha cerrado
las compuertas de sus ojos serraniegos
y levantó sus tobillos y codos a los cielos.
13-9-1989
16.
Nos toca alguna vez decir…
«Se acabó la emoción que te entretuvo.
Se cerró la Puerta de Dalet para que pase
la muerte y entre a los olambrillos de su calle
a ciegas, a tientas y, en fin, que busque la quidad
en cada cosa, menos en tí. Ya no, su mundo».
Puedes decir que le romperás la nariz
con el portazo, cuernos con tu desprecio.
Que no vuelva a asomarse, o levantar
los techos en Salamanca, porque no puede
ser eterno ese herirse y ese padecer
con que persiste y los que aman
y juntos beben del mismo Vino
quieren su paz, morir en su recuerdo.
Se quebró el ojo del diablo que miraba en secreto,
espiosamente, en la cuenca protegida del corazón
en ascenso y el cubo de tus protecciones en la Luz.
El acto final fue cuando encendíste tus ojos,
ojos menos parleros que los ojos del mundo,
ojos de buen cubero que se meten en la mentira
y la acusan y delatan porque con la agudeza precisa
abaten la distancia, el desafecto y la inquina.
Ojos que instan a que no los mires,
ojos que siendo colectivos, por hermosos,
son genuinos, ¿quién puede resistirles su mirada?
7-03-1994 / Del libro inédito «Teth mi serpiente»
http://carloslopezdzur.blogspot.com/