Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
A TI LEÓN
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León:
a ti que te pintaron morado el cielo
y te hicieron esquiva y etérea la gloria;
áspero y traicionero el camino
y dura y complicada la victoria.
Que te dieron un corazón de niño
y unas garras fuertes y poderosas;
que te hicieron rey de un delicado cariño
y regente de una vida tormentosa.
Que en penosas melodías arrullaron,
tu alma alegre, siempre en medida;
pues la vida a tu lado es muy tierna,
condescendiente, dulce y comedida.
Donde solo puedes estar acompañado,
de quien mereces, en prisión eterna;
y romper esas cadenas no has logrado,
pues romperlas es solo una quimera.
Y los momentos de tu verdadera dicha,
son cuando algo quizá importante has alcanzado;
como el famélico trozo de una presa,
de un famélico lote de ganado.
Tú que pronto tendrás a Dios en tus conquistas
y un día caminarás junto a su lado;
tomado de su mano con dulzura,
en el mundo que la dicha ha ideado.
Déjame admirarte pues es tuyo,
el arrebato enérgico en la brega;
el que quiere gozar como algo suyo,
también, la intrépida sangre ciega.
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León:
a ti que te pintaron morado el cielo
y te hicieron esquiva y etérea la gloria;
áspero y traicionero el camino
y dura y complicada la victoria.
Que te dieron un corazón de niño
y unas garras fuertes y poderosas;
que te hicieron rey de un delicado cariño
y regente de una vida tormentosa.
Que en penosas melodías arrullaron,
tu alma alegre, siempre en medida;
pues la vida a tu lado es muy tierna,
condescendiente, dulce y comedida.
Donde solo puedes estar acompañado,
de quien mereces, en prisión eterna;
y romper esas cadenas no has logrado,
pues romperlas es solo una quimera.
Y los momentos de tu verdadera dicha,
son cuando algo quizá importante has alcanzado;
como el famélico trozo de una presa,
de un famélico lote de ganado.
Tú que pronto tendrás a Dios en tus conquistas
y un día caminarás junto a su lado;
tomado de su mano con dulzura,
en el mundo que la dicha ha ideado.
Déjame admirarte pues es tuyo,
el arrebato enérgico en la brega;
el que quiere gozar como algo suyo,
también, la intrépida sangre ciega.
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