Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa

¿Dónde fueron tus versos, trovador?
o el requiebro que en tinta regalaba
mis oídos en pos de alguna octava,
¿y el ensueño que nace en el albor?
¿Cuándo, todo el silencio alrededor,
a tu pulso tornó incapaz aldaba
resonando en el vano que se traba
en el aire, cual pétalo sin flor?
En los días ausentes le dibujo
ataviada con piélagos de aurora
y añorando la voz que me sedujo
en mi lienzo la evoco sin demora.
¡Si supiera la fuerza del embrujo
de los ecos que glosan mi dolora!
Si entendiera que el alma se acomoda
en la hondura de un vórtice desnudo
y que al paso del tiempo vuelve escoda
cada letra y al verbo, ¡fiel escudo!,
del letárgico aliento del rapsoda
que a su numen transforma en grito mudo.
¿Cuánto vale un vacío cascarón
que perdiendo su rumbo en la tronada
no se anega en la mar que arrebatada,
¡furibunda!, golpea su armazón?
Tanto más, si aferrando su timón
consiguiera arrumbar en la alborada
del recuerdo que alumbra mi tonada...
¡Juntos siempre, mi pluma y tu bordón!
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