hanns johst
Poeta recién llegado
Oh fatuo señor que del acento y de la coma
buscáis el punto en que acusar artero
cosas que no escribísteis por la razón sola:
de ser un Creso en vanidad; sin genio.
Maestro del desdén e ideas cortas,
arrastrando infeliz tu inmundo cieno,
que dejas en tus quejas, rojas,
con sangre de poetas que ya has muerto.
Odias la luz porque ilumina y notas,
tu horrenda fealdad, viejo sileno.
Eres la envidia abyecta que la cosa,
sentiría si pudiera, por lo eterno.
Las alas que tuviste están hoy rotas,
de chocar con porfìa y con empeño,
en ansia impía de tapar mil bocas,
con el rüido vulgar de tu aleteo.
No agites tu resped, vipera loca.
Silencio, vil engendro de Erebo!
Como el cuervo de Poe, ayer y ahora,
aleja ya tu pico de mi pecho.
Hanns Johst
buscáis el punto en que acusar artero
cosas que no escribísteis por la razón sola:
de ser un Creso en vanidad; sin genio.
Maestro del desdén e ideas cortas,
arrastrando infeliz tu inmundo cieno,
que dejas en tus quejas, rojas,
con sangre de poetas que ya has muerto.
Odias la luz porque ilumina y notas,
tu horrenda fealdad, viejo sileno.
Eres la envidia abyecta que la cosa,
sentiría si pudiera, por lo eterno.
Las alas que tuviste están hoy rotas,
de chocar con porfìa y con empeño,
en ansia impía de tapar mil bocas,
con el rüido vulgar de tu aleteo.
No agites tu resped, vipera loca.
Silencio, vil engendro de Erebo!
Como el cuervo de Poe, ayer y ahora,
aleja ya tu pico de mi pecho.
Hanns Johst
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