No hay palabras.
Sólo lágrimas mudas
rodando por las mejillas
de quien una vez divisó
el mar de las Antillas.
Sólo admirarte quiero.
Sólo escuchar tu son.
Sólo soñar con aquellos
ojos de gata
que después de una
larga madrugada
(y en un taxi amarillo de la Habana)
me dijeron que NO.
Nadie te quita
ni tu Caribe, ni tu bachata,
ni tu mojito, ni tu salsón,
por venir a la vieja Europa
a limpiar la porquería
a cambio de un jergón
y un plato de sopa.
Te recuerdo
al otro lado del charco.
Nunca caerán en saco roto
los momentos que viví contigo.
MIGUEL PANDUJAR.
Sólo lágrimas mudas
rodando por las mejillas
de quien una vez divisó
el mar de las Antillas.
Sólo admirarte quiero.
Sólo escuchar tu son.
Sólo soñar con aquellos
ojos de gata
que después de una
larga madrugada
(y en un taxi amarillo de la Habana)
me dijeron que NO.
Nadie te quita
ni tu Caribe, ni tu bachata,
ni tu mojito, ni tu salsón,
por venir a la vieja Europa
a limpiar la porquería
a cambio de un jergón
y un plato de sopa.
Te recuerdo
al otro lado del charco.
Nunca caerán en saco roto
los momentos que viví contigo.
MIGUEL PANDUJAR.