César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Que te vas en silencio hacia tu vida
ya lo sé.
Abandonas este amor enfermo
raquítico,
que no se puede, ni podrá ser completo
sin dos manos
una boca, tres ojos,
medio pecho y corazón
a medias,
un cuarto de pulmón.
Afuera está la batahola indiferente
del gentío
que saber bienvivir a medias
comiendo heladitos caseros
mientras,
de la ventana
para adentro,
agoniza entre pétalos marchitos
un sin-adiós
descuartizado.
.
Que te has ido detrás de no sé qué
ni quién, ni cuánto,
ya lo sé. Era tu derecho.
Mi izquierdo, en cambio, era quererte.
Ahora velo
con secas lágrimas de dientes
quebrados
al alma ausente de un amor
evaporado entre los filos
de la inefable realidad.
Llueve sol sobre el ruidoso domingo imposible
bajo el cual enciendo mis candiles
que no se ven
que se malgastan
que aquello y esto
¿qué me importa?
Tú te llevaste las raíces
de cuántas rosas, tulipanes
y claveles...
Y aquí solo queda un poema moribundo
condenado a terminar.
La tarde
La tarde... ¡Ay!
del domingo.
La tarde.
César en medio del domingo calcinado, julio de 2023.