Alfie Arellano
Poeta recién llegado
Caíste, la trampa fue hecha con tus manos.
Encerrado cual animal que no pudo escapar,
Fuiste tu propia presa, tu propio cazador
y ahora buscas algo triste que te pueda reanimar.
¡No más! Pobre intento fallido de felicidad,
perdiste tu llave al seguir en tu cripta y ahora
el dolor grita de tus adentros, pena cantora.
¡No más! Le gritas fuerte a tu pobre inestabilidad.
Pero ya es tarde, niño, la noche ha caído
como nieve en invierno, como alegre lágrima.
No hay llave que abra tu jaula, ahoga tu maullido
gato con tempestades, con pesares de tu vida altiva;
estás cayendo, lo sé yo y la calle y la acera
y la gente y tus amores pasados y toda tu cólera;
sigues cayendo en picada, ¡cuán profunda es la bóveda
nocturna! ¡Cuán profundo tu abismo, presa áspera!
La fosa ha abierto sus brazos, por fin dormirás en paz.
¿Recuerdas los arrullos, oh niño pálido?
Cierra los ojos. Siente otra vez ese último abrazo cálido.
Adiós, niño, adiós. Hoy eres un vil recuerdo fugaz.