Abraxas (El dios del bien y el mal)

Sebastián de la Porras

Poeta recién llegado
Pensando en las inmensas fuerzas del mal, concibo que sea más que probable y de hecho seguro, que el poder del bien esté actuando en este preciso momento, mientras escribo estas mismas palabras, en algún lugar –o muchos- del mundo. Imagino historias escalofriantes del alcance del miedo, la crueldad, el dolor y el terror. Si existieran magos oscuros, alargarían la vida de sus víctimas por milenios, solo para torturarlos lo suficiente antes de ponerles fin, de manera lenta y dolorosa. En cambio, un mago blanco, trataría de enseñar a todo aquel que se cruzara por su camino, el arte de la bondad, humildad, piedad, -y más importante aún- el amor; pues es bien sabido que de nada sirve ayudar a alguien, si al día siguiente -ese alguien- no podrá hacerlo por sí mismo o por otros: Ambos casos me parecen sumamente impresionantes.

Hay tantas ausencias del bien, que me preocupa que sea un producto de mi imaginación y una sensación residual de muchos momentos felices. Existe en mi vida pruebas de él -sorprendentemente-, con la forma del amor; pero es un amor reciproco, iniciado en mutuo acuerdo, y tiene una causa y un propósito. Me parece que el bien va más allá de todo esto. Supongo – según he tenido pocas oportunidades de obrar- que es un acto desinteresado, que muchas veces implica una perdida, en la cual la parte favorecida gana algo, y soluciona un problema arto importante para conseguir su propia felicidad. Y en esos momentos, como por arte de magia, se rompe el hechizo de la costumbre; y la persona digiere que la realidad – en su totalidad- existe, y que él puede decidir sobre ella y sobre su propia vida. Posteriormente decide que la paz en vez de la felicidad, lo guiará a la fuente de todas las cosas.

(Para más información: Leer sobre las grandes religiones y creencias del hombre).

En cambio, el poder del mal es tangible, y ciertamente existen medios audiovisuales que procuran enseñarnos periódicamente su alcance y sus consecuencias. Cobra el doble de fuerzas según sus actos se multiplican en el corazón de las personas y mientras la indiferencia no nos permite discernir que cada realidad tangible proviene del pensamiento, y que el corazón no es un símbolo rojo, en forma de trasero, en una tarjeta de día de san Valentín.

Pensando en esas inmensas fuerzas del mal, te invito a que supongas conmigo –según la razón, los hechos, y el sentido común- que en todo el universo -no importa el lugar ni su capacidad para sustentar vida- existe una acción contraria a cada acción, y que él poder del corazón –sentimental y filosófico- humano, es tan fuerte y tan preciado, que logra romper esa ley universal, e inclina la balanza (En algunos muy raros casos del espacio- tiempo).

Hay que pensar, de qué lado inclinaremos la balanza… Y el porqué.

Un gran filósofo dijo una vez más o menos así:
“Primero, conócete a ti mismo, luego conocerás al mundo”.

Las cosas que van a pasar, pasarán… Solo nos queda comprender:

¿Por qué?.

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