Aryaa
Poeta recién llegado
Hay veces que vemos como el fuego se alza frente a nosotros, como nos mira fijamente a los ojos. Divisamos su esplendor en nuestras pupilas, su cálido aliento en el rostro y su peligro en nuestro estómago. Somos capaces de vislumbrarlo con toda su pasión y dolor, con toda su vida y su muerte. Sin embargo, en vez de huir para evitar sus quemaduras, nos quedamos contemplando cómo se aproxima, fascinados por la danza de las llamas que se retuercen cual serpientes y seducen con sus suaves movimientos. Sabemos que deberíamos salir corriendo antes de que nos alcance y ardamos en sus brazos, pero su brillo es tan fascinante, tan hipnótico que a veces se hace demasiado tarde y acabamos lastimados en un rincón lamiendo nuestras heridas.