Me gustaría escribirte muchísimo más de lo que suelo pero se me hace más difícil comprender tus caricias que sus puñaladas. Me confunde tu facilidad para enredar tus dedos en mi pelo, como si nada pasara, pero pasa y es que para mi decir te quiero importa, pero me asusta. Y así pasó la primavera, yo me consumía sin la vacuna de tu sonrisa y ese abril la hipocresía ganó la batalla porqué yo sin ti no es salud, no es vida, es estar en casa pero sin hogar. Que casa es café a medianoche, casa es olvidarnos de almorzar porque tenemos suficiente con desayunarnos. Casa es que me digas que dentro no todo está tan mal cuando fuera no todo está tan bien y saber que siempre puedo encontrar refugio en los lunares de tu espalda sin el temor a levantarme y que todo siga igual y que tu, sigas siendo tan solo un sueño.