lapoesiaataca
Poeta recién llegado
Acaso es simple el amanecer y otro amaneces en el mismo instante, y muerto.
No es que no pueda hacer esto o aquello, una ilusión, un correr desesperado hacia la próxima esquina. Y sin embargo, tengo la imperiosa necesidad de decirte, no importa que paso, en que muro de silencio, en que pasión, en que hoguera se consumió el miedo y el asco y esa rebuscada manera de decir las cosas, la puteada, el grito desgarrador y roto de un día a las tres de la mañana. Y un tic tac, sonó alto, y otro y otro, y entre medio un silencio bestia que ataco abrazado de tu talle. Quizás no importe que paso, ni como, sino desde donde partió, o cual el detonante. No es importante solo la reacción, el círculo concéntrico, los fantasmas, las luces y las sombras, las caricias y las caricias con luz de luna, y la reacción que nos llena las manos. Se hace mas grande el paso, el polvo apenas se levanta y la bota come el pecho del camino, y cuando nos sentamos a la vera, al lado del árbol de la sombra larga, no es importante saber de libros y paginas, y autores y anatomías y disecciones, es importante saber que sentimos. Y claro que tienen razón los que te dicen esto y aquello de la estructura, de la piedra cayendo en el estanque, y los círculos concéntricos, y también nos hablan del charco y de la mano que lanzo la piedra.
Acaso no me moleste la vidriera social, el conformismo, la idiotez, la concepción de hacemos silencio y no paso nada. La impunidad de no te cuento y entonces no sabes. ¿Y los ojos? ¿Y las lagrimas? Y tu cabello y las caricias y la carrera enloquecida de los ojos cuando mis manos dibujan una senda en tu espalda.
¿Y donde estará el canto? Donde el canto que no se comprometa, y que la pluma no pueda parir nada que te abrace, que te susurre al oído, o te grite en el desierto de tu olvido.
Mas allá de cualquier consideración estará la bandera invicta de tu cabello en el fresco del viento, mi mano, la luz naciendo, reflejos caobas, maderas duras del bosque de mi pecho.
Y si no bastare cuanto digo, si no importara cuanto pienso, ni el grito, ni la pasión, ni el vació sangrante de esa herida. Entonces tendrías que entender que más allá estoy yo, y tu y esa asociación de pequeñas grandes beligerancias.
Una batalla,
una bandera,
un grito,
una herida,
y la próxima
carrera a una esquina
agobiante
y la sospecha.
El mostrar
y el ver
el asomarse
a esta vida
y darte
un reflejo
en los ojos,
y en la guinda
de tu labio
tallar el sabor violento
de este beso.
Y no me queda
ni una sola
canción
ni espacio de tiempo,
ni tic tac,
que no se vista de lo que siento,
y en su rincón este perro,
lame su herida y piensa,
y al pensar crece,
una luz extraña.
Esa luz enamorada de tu enagua,
de tu desnudez,
de tu lágrima
de tu pata sucia
y de tu tibio
y de un mañana
incierto,
no solo de pájaros
y ramas
también de sentimientos.
En su rincón
mi perro negro,
el pájaro en la rama
el árbol
emplumado y mañanero,
el grillo
y su nueva serenata,
una grappa
que se convierte
en abrazo y abrigo
un trago largo.
De otra historia
De fogones y trasfogeros,
De amores y lágrimas
De mirar de frente
Y amar lejos,
De cara al sol
Sin esconderse.
y una carta
y una caja de cartón
guardando algún recuerdo
de una mañana
tomados de la mano
y ni una sola palabra
que rebote
en los techos
de chapas
con goteras,
y lluvias pertinaces.
Ni antes
Ni después
Justo en tu beso.
No es que no pueda hacer esto o aquello, una ilusión, un correr desesperado hacia la próxima esquina. Y sin embargo, tengo la imperiosa necesidad de decirte, no importa que paso, en que muro de silencio, en que pasión, en que hoguera se consumió el miedo y el asco y esa rebuscada manera de decir las cosas, la puteada, el grito desgarrador y roto de un día a las tres de la mañana. Y un tic tac, sonó alto, y otro y otro, y entre medio un silencio bestia que ataco abrazado de tu talle. Quizás no importe que paso, ni como, sino desde donde partió, o cual el detonante. No es importante solo la reacción, el círculo concéntrico, los fantasmas, las luces y las sombras, las caricias y las caricias con luz de luna, y la reacción que nos llena las manos. Se hace mas grande el paso, el polvo apenas se levanta y la bota come el pecho del camino, y cuando nos sentamos a la vera, al lado del árbol de la sombra larga, no es importante saber de libros y paginas, y autores y anatomías y disecciones, es importante saber que sentimos. Y claro que tienen razón los que te dicen esto y aquello de la estructura, de la piedra cayendo en el estanque, y los círculos concéntricos, y también nos hablan del charco y de la mano que lanzo la piedra.
Acaso no me moleste la vidriera social, el conformismo, la idiotez, la concepción de hacemos silencio y no paso nada. La impunidad de no te cuento y entonces no sabes. ¿Y los ojos? ¿Y las lagrimas? Y tu cabello y las caricias y la carrera enloquecida de los ojos cuando mis manos dibujan una senda en tu espalda.
¿Y donde estará el canto? Donde el canto que no se comprometa, y que la pluma no pueda parir nada que te abrace, que te susurre al oído, o te grite en el desierto de tu olvido.
Mas allá de cualquier consideración estará la bandera invicta de tu cabello en el fresco del viento, mi mano, la luz naciendo, reflejos caobas, maderas duras del bosque de mi pecho.
Y si no bastare cuanto digo, si no importara cuanto pienso, ni el grito, ni la pasión, ni el vació sangrante de esa herida. Entonces tendrías que entender que más allá estoy yo, y tu y esa asociación de pequeñas grandes beligerancias.
Una batalla,
una bandera,
un grito,
una herida,
y la próxima
carrera a una esquina
agobiante
y la sospecha.
El mostrar
y el ver
el asomarse
a esta vida
y darte
un reflejo
en los ojos,
y en la guinda
de tu labio
tallar el sabor violento
de este beso.
Y no me queda
ni una sola
canción
ni espacio de tiempo,
ni tic tac,
que no se vista de lo que siento,
y en su rincón este perro,
lame su herida y piensa,
y al pensar crece,
una luz extraña.
Esa luz enamorada de tu enagua,
de tu desnudez,
de tu lágrima
de tu pata sucia
y de tu tibio
y de un mañana
incierto,
no solo de pájaros
y ramas
también de sentimientos.
En su rincón
mi perro negro,
el pájaro en la rama
el árbol
emplumado y mañanero,
el grillo
y su nueva serenata,
una grappa
que se convierte
en abrazo y abrigo
un trago largo.
De otra historia
De fogones y trasfogeros,
De amores y lágrimas
De mirar de frente
Y amar lejos,
De cara al sol
Sin esconderse.
y una carta
y una caja de cartón
guardando algún recuerdo
de una mañana
tomados de la mano
y ni una sola palabra
que rebote
en los techos
de chapas
con goteras,
y lluvias pertinaces.
Ni antes
Ni después
Justo en tu beso.