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María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Mi vientre salta

de amor preñado,

tanto

como mi corazón

en el pecho

solo y asustado.

La vida y el amor

se me confunden a veces

y se agitan

hasta encontrar un camino

que les resulte apacible.

Mi corazón se deslíe

en su sangre salada,

a veces de alegría,

de monotonía plácida

envuelta en aromas

que yo me procuro,

de fuerza callada,

de luces con un paño tapadas

para que haga más tenues

las noches más cálidas,

y saltan enteros mi cuerpo y mi alma

con el cálido ardor

de tus besos teñidos de palabras,

y en la lejanía tu corazón se agranda,

de brillo entero como las ascuas

de hace veinte años.

Añoro sus recuerdos

dulcemente idealizados.

Otras, el pecho se me encoge,

está prisionero en un pensamiento férreo,

en una tumba,

frío y parando el aliento,

porque teme perder lo perdido,

y con pocas fuerzas

para ganar

todas las batallas

que le arroja la vida.

No tiene arrestos

para vivir día a día

sin miedo, sin sueños,

beber sorbo a sorbo

lento, pero hasta el fondo,

todo el vino que te entregan

las frescas parras,

plantadas” cara al sol”,

mirar la profunda agua

y no asustarse,

disfrutarla.

Dejarme arrullar por el tiempo

como por la canción más recordada

y bailar a su son

sin buscar otro ritmo

que no sea el que me marca

el zumbido del deseo

que siempre acallas.

Oír para siempre

el sonido de mi interior

que calma

hasta la más fuerte de mis furias cuando batalla.

Mirarte de frente

dualidad perenne

y aceptarte como a una.

No dividir al río de la fuente.
 
Mi vientre salta

de amor preñado,

tanto

como mi corazón

en el pecho

solo y asustado.

La vida y el amor

se me confunden a veces

y se agitan

hasta encontrar un camino

que les resulte apacible.

Mi corazón se deslíe

en su sangre salada,

a veces de alegría,

de monotonía plácida

envuelta en aromas

que yo me procuro,

de fuerza callada,

de luces con un paño tapadas

para que haga más tenues

las noches más cálidas,

y saltan enteros mi cuerpo y mi alma

con el cálido ardor

de tus besos teñidos de palabras,

y en la lejanía tu corazón se agranda,

de brillo entero como las ascuas

de hace veinte años.

Añoro sus recuerdos

dulcemente idealizados.

Otras, el pecho se me encoge,

está prisionero en un pensamiento férreo,

en una tumba,

frío y parando el aliento,

porque teme perder lo perdido,

y con pocas fuerzas

para ganar

todas las batallas

que le arroja la vida.

No tiene arrestos

para vivir día a día

sin miedo, sin sueños,

beber sorbo a sorbo

lento, pero hasta el fondo,

todo el vino que te entregan

las frescas parras,

plantadas” cara al sol”,

mirar la profunda agua

y no asustarse,

disfrutarla.

Dejarme arrullar por el tiempo

como por la canción más recordada

y bailar a su son

sin buscar otro ritmo

que no sea el que me marca

el zumbido del deseo

que siempre acallas.

Oír para siempre

el sonido de mi interior

que calma

hasta la más fuerte de mis furias cuando batalla.

Mirarte de frente

dualidad perenne

y aceptarte como a una.

No dividir al río de la fuente.
Vinieron a mi mente muchos recuerdos, grato leerle
 
Mi vientre salta

de amor preñado,

tanto

como mi corazón

en el pecho

solo y asustado.

La vida y el amor

se me confunden a veces

y se agitan

hasta encontrar un camino

que les resulte apacible.

Mi corazón se deslíe

en su sangre salada,

a veces de alegría,

de monotonía plácida

envuelta en aromas

que yo me procuro,

de fuerza callada,

de luces con un paño tapadas

para que haga más tenues

las noches más cálidas,

y saltan enteros mi cuerpo y mi alma

con el cálido ardor

de tus besos teñidos de palabras,

y en la lejanía tu corazón se agranda,

de brillo entero como las ascuas

de hace veinte años.

Añoro sus recuerdos

dulcemente idealizados.

Otras, el pecho se me encoge,

está prisionero en un pensamiento férreo,

en una tumba,

frío y parando el aliento,

porque teme perder lo perdido,

y con pocas fuerzas

para ganar

todas las batallas

que le arroja la vida.

No tiene arrestos

para vivir día a día

sin miedo, sin sueños,

beber sorbo a sorbo

lento, pero hasta el fondo,

todo el vino que te entregan

las frescas parras,

plantadas” cara al sol”,

mirar la profunda agua

y no asustarse,

disfrutarla.

Dejarme arrullar por el tiempo

como por la canción más recordada

y bailar a su son

sin buscar otro ritmo

que no sea el que me marca

el zumbido del deseo

que siempre acallas.

Oír para siempre

el sonido de mi interior

que calma

hasta la más fuerte de mis furias cuando batalla.

Mirarte de frente

dualidad perenne

y aceptarte como a una.

No dividir al río de la fuente.

Gran trabajo amiga María, uno queda atrapado en su lectura y en la profundidad de tu pluma.
Un placer detenerse un tu obra querida amiga.
Un eterno abrazo desde estos cielos de un halcón salpicados de estrellas
 
Mi vientre salta

de amor preñado,

tanto

como mi corazón

en el pecho

solo y asustado.

La vida y el amor

se me confunden a veces

y se agitan

hasta encontrar un camino

que les resulte apacible.

Mi corazón se deslíe

en su sangre salada,

a veces de alegría,

de monotonía plácida

envuelta en aromas

que yo me procuro,

de fuerza callada,

de luces con un paño tapadas

para que haga más tenues

las noches más cálidas,

y saltan enteros mi cuerpo y mi alma

con el cálido ardor

de tus besos teñidos de palabras,

y en la lejanía tu corazón se agranda,

de brillo entero como las ascuas

de hace veinte años.

Añoro sus recuerdos

dulcemente idealizados.

Otras, el pecho se me encoge,

está prisionero en un pensamiento férreo,

en una tumba,

frío y parando el aliento,

porque teme perder lo perdido,

y con pocas fuerzas

para ganar

todas las batallas

que le arroja la vida.

No tiene arrestos

para vivir día a día

sin miedo, sin sueños,

beber sorbo a sorbo

lento, pero hasta el fondo,

todo el vino que te entregan

las frescas parras,

plantadas” cara al sol”,

mirar la profunda agua

y no asustarse,

disfrutarla.

Dejarme arrullar por el tiempo

como por la canción más recordada

y bailar a su son

sin buscar otro ritmo

que no sea el que me marca

el zumbido del deseo

que siempre acallas.

Oír para siempre

el sonido de mi interior

que calma

hasta la más fuerte de mis furias cuando batalla.

Mirarte de frente

dualidad perenne

y aceptarte como a una.

No dividir al río de la fuente.
Recorrido intimo donde parpadean esas sensaciones enfrentadas.
un querer oirse desde la aceptacion de los transcursos de la vida.
excelente. saludos de luzyabsenta
 

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