Engel
SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA
Palmira tienes un qué se yo entre cuerpo y alma. La mía
asomo a tus ojos. Déjame ir, quiero fondear en torno a ellos
las dudas que enredan mi pretensión. El placer de leerte
multiplicado por sí mismo, aprieta. Me ayuda a
intuir por qué llenas de ti la muralla donde se pintan los
recuerdos. Mas contigo el muro toma altura de silencio
a golpe de pestaña, mientras versos de luz acuden raudos como piedras.
Uqbar parece la mitad de una ventana, la otra no se ve,
queda en el lado trasparente para no tocarla con las manos
borrosas del recuerdo. Todo lo que está al otro lado pertenece
al lugar al que sólo tu palabra nos lleva. Bien; ahí están, profusamente
repartidas en tus poemas. Empedrado donde todos deberíamos estrellarnos.
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