Alejandro Leza
Poeta recién llegado
Larga la jornada
con tu rostro quieto en el lienzo,
que finalmente
se ha llenado de tu verso.
Esa mirada tranquila
meciendo las aguas
que ya no son de tu vida;
llorando sin lágrimas paridas,
pero mojando las almas
que aún te suspiran.
Te sostiene el talento,
las llamas ajenas
que tus notas prendieron;
el canto de un ave
que parte desde su lecho;
el silbido del viento
que corta el abeto;
la nieve que pura,
se marcha con el primer lamento.
Destellos y sombras
adornan tu vuelo;
creyente divino
que rasga un destino;
música valiente
que nos deja en el limbo,
porque tu sombra nos cubre
con los recuerdos...
y una botella de vino.
con tu rostro quieto en el lienzo,
que finalmente
se ha llenado de tu verso.
Esa mirada tranquila
meciendo las aguas
que ya no son de tu vida;
llorando sin lágrimas paridas,
pero mojando las almas
que aún te suspiran.
Te sostiene el talento,
las llamas ajenas
que tus notas prendieron;
el canto de un ave
que parte desde su lecho;
el silbido del viento
que corta el abeto;
la nieve que pura,
se marcha con el primer lamento.
Destellos y sombras
adornan tu vuelo;
creyente divino
que rasga un destino;
música valiente
que nos deja en el limbo,
porque tu sombra nos cubre
con los recuerdos...
y una botella de vino.
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