Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Estaba allí,
quieto, silencioso;
el único ruido
catastrófico
era ese latido de su pecho
que sonaba como volcán
en erupción,
temía que lo pudiera delatar.
Pensaba…
tan joven
y por necesidad estoy aquí,
con tatas cosa para hacer,
con tantos deseos no cumplidos.
Temía que cualquier susurro,
cualquier temblor
le delatara, mientras sostenía
el enorme metal que accionado
su bocaza se encendía en llamas.
Permanecía inmóvil, quieto,
completamente quieto,
de repente, en cada momento
le llegaba la imagen de su madre,
las últimas lágrimas de rocío
que cubrieron su rostro.
Las frases y caricias de su amada,
sus sueños de ser padre,
su casa, su carrera,
las delicias para su paladar,
el deporte, sus amigos,
sus escapes bien secretos.
Sentía el calor de sus lágrimas
recorrer su juvenil rostro quieto,
completamente quieto apoyado
en la húmeda zanja.
Temía que los ruidos
que escondía su entraña
le delatasen ante
el frio acechante.
Uno, dos, tres...
y sentía que todo se iba,
el estruendo era próximo,
el estruendo dejó un rio
de calor purpura
recorriendo su cuerpo.
Ya no pudo más…
abrió uno, dos, tres..
sus labios y su boca
para decir adiós,
no sé qué me está pasando,
pensaba,
pero nunca pudo decir
…... ¡adiós…!
quieto, silencioso;
el único ruido
catastrófico
era ese latido de su pecho
que sonaba como volcán
en erupción,
temía que lo pudiera delatar.
Pensaba…
tan joven
y por necesidad estoy aquí,
con tatas cosa para hacer,
con tantos deseos no cumplidos.
Temía que cualquier susurro,
cualquier temblor
le delatara, mientras sostenía
el enorme metal que accionado
su bocaza se encendía en llamas.
Permanecía inmóvil, quieto,
completamente quieto,
de repente, en cada momento
le llegaba la imagen de su madre,
las últimas lágrimas de rocío
que cubrieron su rostro.
Las frases y caricias de su amada,
sus sueños de ser padre,
su casa, su carrera,
las delicias para su paladar,
el deporte, sus amigos,
sus escapes bien secretos.
Sentía el calor de sus lágrimas
recorrer su juvenil rostro quieto,
completamente quieto apoyado
en la húmeda zanja.
Temía que los ruidos
que escondía su entraña
le delatasen ante
el frio acechante.
Uno, dos, tres...
y sentía que todo se iba,
el estruendo era próximo,
el estruendo dejó un rio
de calor purpura
recorriendo su cuerpo.
Ya no pudo más…
abrió uno, dos, tres..
sus labios y su boca
para decir adiós,
no sé qué me está pasando,
pensaba,
pero nunca pudo decir
…... ¡adiós…!
"La guerra en Colombia ha dejado 262.197 muertos: casi la misma población que habita el área urbana de Sincelejo, Sucre. De este total de víctimas fatales, 215.005 eran civiles y 46.813 eran combatientes". (Romero, C. (1918). 262.197 muerto dejó el conflicto armado. Centro Nacional de la Memoria Histórica.