El cielo oscuro, manchado de estrellas,
echaba en falta a la luna escondida.
Perdía a esas horas el día sus huellas,
y la luz del sol yacía dormida.
El viento seco, sopla, el viento quieto.
Enroscado en tu blanca piel de caña,
acalla silencioso aquel secreto,
que retumba como eco en la montaña.
Carne mis labios, ¡ay!, son de tus labios.
Oigo, tu voz se confunde con sueños.
Antes que lleguen reproches y agravios,
sintámonos del amor nuestros dueños.
Antes que crezca en mí ese despecho,
decirte para que olvides a un tiempo:
" al son del subir y bajar de tu pecho.
Amor, mi vida late al mismo tempo".