¡ Adónde vas, alma mía !

Luis Prieto

Moderador Global
Miembro del equipo
Moderador Global
Corrector/a
Por la vieja ventana veía,
como la calurosa tarde de Julio,
lentamente languidecía.
Hacia una procesión de resplandores,
caminaba el manso fuego de estío y
mis ojos buscaban el poniente
para contemplar el romántico atardecer.
Soplaba la brisa en los álamos del río,
alegres golondrinas, aun revoloteaban bajo el eco del día,
se apagaban los colores de los balcones floridos
(Yo pensaba, ¡Que umbríos están ahora los balcones!).
Mientras tanto,
en la solitaria plaza se oía,
a la fuente verter su monotonía.
Salí a pasear para beberme el paisaje,
embriagarme con el aroma que el campo me ofrecía,
llenar mis oídos con los últimos cantos de los gorriones
antes de que la tarde marchara en silencio y en silencio
asomara la noche cargada de melancolía.
Crecía la sombra en la pradera,
bajaba rizada el agua del río,
en mi caminar, escuchaba el canto del grillo,
y en el pueblo...sonaban las campanas
(Moría el día).
¿Por quién doblan las campanas?
(Yo pensé... ¡Por el alma mía!)
Peinaba en silencio el aire, espigas y maizales,
haciendo del campo un ir y venir de continuos bailes.
Bajo el manto negro,
estrellas y luceros escoltaban a la dama de blanco y
me detuve a pensar por un momento...
¡Ay alma mía, cuanta pena me cuesto,
pues pena es mi paz y pena será mi castigo
si al final del estío, no te encuentro!
Caminaba cansado con el corazón penado,
tenues luces amarillentas, alumbraban el ancho río y
por encima, un destello...
(Yo pensé, ¡Adónde vas alma mía sin resuello,
deambulando por la vida como las gaviotas
que equivocan su vuelo adentrándose tierra adentro!)
¡Adónde vas alma mía, siempre fugitiva, siempre cerca,
que no hayas deseos cuerdos sino esperanzas locas!
¿Qué buscas en la oscuridad que ni tus párpados cierras?
¡Siempre tuviste ilusión,
pensamientos ganadores donde los hubiere,
insaciable soñadora.
Con tu genio y mil defectos,
íbamos juntos haciendo caminos por difíciles que fueren y
sin embargo...mírate ahora,
vagando sola sin medida!
Suena en la noche el eco de tus pasos.

Al otro lado del río,
habla el silencio y habita el olvido.
Bajo los ojos del puente,
el agua taciturna duerme.
¿Adónde vas alma mía?
Yo, en medio de la noche serena y callada, a casa volvía.
Atrás quedaba mi alma... (En medio de la duda).
Tan solo en la desértica plaza se oía,
a la fuente verter su frescura.

Luis Prieto Espinosa
Derechos reservados 28/08/2014
 
Última edición por un moderador:
Magnificas imágenes que se recrean en tu bello versar, en ese campo ignoto y ese río que recorre insaciable los sentidos, es un placer disfrutar de tu hermoso versar que emana melancolía y frescura ala vez, saludos cordiales para ti amigo y poeta!! : )
 
Por la vieja ventana veía,
como la calurosa tarde de Julio,
lentamente languidecía.
Hacia una procesión de resplandores,
caminaba el manso fuego de estío y
mis ojos buscaban el poniente
para contemplar el romántico atardecer.
Soplaba la brisa en los álamos del río,
alegres golondrinas, aun revoloteaban bajo el eco del día,
se apagaban los colores de los balcones floridos
(Yo pensaba, ¡Que umbríos están ahora los balcones!).
Mientras tanto,
en la solitaria plaza se oía,
a la fuente verter su monotonía.
Salí a pasear para beberme el paisaje,
embriagarme con el aroma que el campo me ofrecía,
llenar mis oídos con los últimos cantos de los gorriones
antes de que la tarde marchara en silencio y en silencio
asomara la noche cargada de melancolía.
Crecía la sombra en la pradera,
bajaba rizada el agua del río,
en mi caminar, escuchaba el canto del grillo,
y en el pueblo...sonaban las campanas
(Moría el día).
¿Por quién doblan las campanas?
(Yo pensé... ¡Por el alma mía!)
Peinaba en silencio el aire, espigas y maizales,
haciendo del campo un ir y venir de continuos bailes.
Bajo el manto negro,
estrellas y luceros escoltaban a la dama de blanco y
me detuve a pensar por un momento...
¡Ay alma mía, cuanta pena me cuesto,
pues pena es mi paz y pena será mi castigo
si al final del estío, no te encuentro!
Caminaba cansado con el corazón penado,
tenues luces amarillentas, alumbraban el ancho río y
por encima, un destello...
(Yo pensé, ¡Adónde vas alma mía sin resuello,
deambulando por la vida como las gaviotas
que equivocan su vuelo adentrándose tierra adentro!)
¡Adónde vas alma mía, siempre fugitiva, siempre cerca,
que no hayas deseos cuerdos sino esperanzas locas!
¿Qué buscas en la oscuridad que ni tus párpados cierras?
¡Siempre tuviste ilusión,
pensamientos ganadores donde los hubiere,
insaciable soñadora.
Con tu genio y mil defectos,
íbamos juntos haciendo caminos por difíciles que fueren y
sin embargo...mírate ahora,
vagando sola sin medida!
Suena en la noche el eco de tus pasos.

Al otro lado del río,
habla el silencio y habita el olvido.
Bajo los ojos del puente,
el agua taciturna duerme.
¿Adónde vas alma mía?
Yo, en medio de la noche serena y callada, a casa volvía.
Atrás quedaba mi alma... (En medio de la duda).
Tan solo en la desértica plaza se oía,
a la fuente verter su frescura.

Luis Prieto Espinosa
Derechos reservados 28/08/2014
a veces no sabemos hasta donde quiere llegar, saludos
 

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