Aguamarina

Orfelunio

Poeta veterano en el portal
Aguamarina

Unos conducían elefantes,
otros enormes toros,
allí había de todo:
clavos, tornillos, bisagras,
molduras, martillos, albardas,
rincones oscuros,
hierros y baldas,
y un montón de maderas,
y otro montón… ¡Que pasada!
que eran montones de sierras
cortando del árbol sus ramas.

Unas veces por la noche
y otras por la madrugada,
las labores eran constantes,
la máquina dental no paraba
y usaba pequeños diamantes
para sajar la par con su tabla.

También estuve entre norias
que subían arroces,
bahía, basmati, y fragant,
japónica, cripto y mezclada,
limpísimo lido,
e integrales de palma.

Después descansé de esta ruta
y me fui a vivir la oleada,
escuchando el sonido marino
a doscientos metros de casa.


No tengo título de marinero,
yo lo soy de sentimiento;
de la mar no soy el mero,
pero el mar llevo por dentro.

Ahora que ato cabos
y que al tiempo echo amarras,
bebo en olas salpicado
y confirmo por las velas,
que a los vientos ignorados
los navego con dos tablas,
al confín del mar, atado.

Andar deprisa parando
varias series dominadas,
junto a atracos de veleros,
al ladito de la playa,
y llegar donde incinero
dominando mis espaldas.

El aroma es del puerto
con la brisa tan anclada,
que los hombres están muertos,
y los botes con su danza,
se imaginan ser los dueños
de la arena y de sus aguas.

No hay cala que no beso,
que la tengo de mesina,
al regreso llevo el peso
de la mar aguamarina.
 

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