coral
Una dama muy querida en esta casa.
Aguas saladas
Algo que sabe a salado, son las danzantes olas del mar, ellas coquetas, atraen a los que a duras penas, han descansado sus cuerpos sobre las arenas doradas ¡tan doradas como el trigo!
¡Saben a salado! gritan los que nunca en estas aguas han nadado, pues sólo han flotado en una bañera vieja goteando aguas con oxido que salen de las corroídas tuberías.
¿Por qué sabrán a salado estas olas que bailarinas trae el mar? Deben ser las lágrimas de las abuelas, que caen sobre el tejado y se van llenando los caudales que desde lo más alto de lo alto, de los montes, de los valles, de las altiplanicies, de los campos donde no se ven los mares, llenando muchos afluentes con llanto, son quizás las aguas que llenan los mares.
Allí, donde el agua sabe a salado, deben estar las lágrimas de mi madre, ¡la vi llorar tantas veces! que se llenaban los cántaros
¡Entonces! he de beber estas aguas de los mares, tal vez si las bebo, se seque el llanto que mi madre ha derramado.
Prudencia Arenas
Coral