¡Ah, Muerte!

danie

solo un pensamiento...
¡Ah! Ángelus del albor en la sombra,
de alas oscuras con un halo virginal de fuego
que sella dentro de la bóveda infinita
la frenética vida con sus labios de ocre
de un desnudo y azulado deseo.

¡Ah! Dama del vacío perplejo
y a la vez del henchido brote del carmín perfecto.

¿Eres acaso? Ese fino ojo de luz que se filtra en el túnel,
un quizás factible que cae sobre la historia del hombre
y embiste con su mudez inquieta,
solitaria, deseable por la conciencia de la noche.

Un hoyo ciego con valquirias de arena
que consume con su manto carnal y gélido
hasta las costas, el oleaje del mar, las conchas desiertas,
los buques náufragos sobre briosas mareas,
las sirenas quiméricas de la mente somnolienta…

Mátame, si quieres, temible dama de sigilosos afectos
que son como afiladas dagas goteando el dulce néctar
de la angustia y el consuelo,
pero que renazca la flor cristalina
de mi legado de ancestros,
de mis escritos con la memoria del tiempo,
de mis besos tenues intentando sosegar
tu mano yerta, recta y perpetua,
tu voz severa que juzga de igual manera la bajeza
y la franqueza,
la cual mece la cuna y el postremo lecho
y complace a los dioses con el tributo del cuerpo.

Al fin y al cabo, pródiga muerte,
eres la fiel compañera que agoniza conmigo
en este desvariado camino
de proezas y malezas,
de rosales ofrendados a las espinas de los azares
y sus santos óleos.

(…)

Mátame, si quieres, pero déjame el pudor
de concluir el sueño
de estos efímeros y mortales versos…
 
Última edición:
¡Ah! ángelus del albor en la sombra,
de alas oscuras con un halo virginal de fuego
que sella dentro de la bóveda infinita
la frenética vida con sus labios de ocre
de un desnudo y azulado deseo.

¡Ah! Dama del vacío perplejo
y a la vez del henchido brote del carmín perfecto.

¿Eres acaso? Ese fino ojo de luz que se filtra en el túnel,
un quizás factible que cae sobre la historia del hombre
y embiste con su mudez inquieta,
solitaria, deseable por la conciencia de la noche.

Un hoyo ciego con valquirias de arena
que consume con su manto carnal y gélido
hasta las costas, el oleaje del mar, las conchas desiertas,
los buques náufragos sobre briosas mareas,
las sirenas quiméricas de la mente somnolienta…

Mátame, si quieres, temible dama de sigilosos afectos
que son como afiladas dagas goteando el dulce néctar
de la angustia y el consuelo,
pero que renazca la flor cristalina
de mi legado de ancestros,
de mis escritos con la memoria del tiempo,
de mis besos tenues intentando sosegar
tu mano yerta, recta y perpetua,
tu voz severa que juzga de igual manera la bajeza
y la franqueza,
la cual mece la cuna y el postremo lecho
y complace a los dioses con el tributo del cuerpo.

Al fin y al cabo, pródiga muerte,
eres la fiel compañera que agoniza conmigo
en este desvariado camino
de proezas y malezas,
de rosales ofrendados a las espinas de los azares
y sus santos óleos.

(…)

Mátame, si quieres, pero déjame el pudor
de concluir el sueño
de estos efímeros y mortales versos…
Hay tristeza en tu palabra amigo, la melancolía se hace notar en tus versos, profundos versos como siempre amigo, recibe mis aplausos de siempre juntoa mi admiración, un abrazo grande.
 
¡Ah! ángelus del albor en la sombra,
de alas oscuras con un halo virginal de fuego
que sella dentro de la bóveda infinita
la frenética vida con sus labios de ocre
de un desnudo y azulado deseo.

¡Ah! Dama del vacío perplejo
y a la vez del henchido brote del carmín perfecto.

¿Eres acaso? Ese fino ojo de luz que se filtra en el túnel,
un quizás factible que cae sobre la historia del hombre
y embiste con su mudez inquieta,
solitaria, deseable por la conciencia de la noche.

Un hoyo ciego con valquirias de arena
que consume con su manto carnal y gélido
hasta las costas, el oleaje del mar, las conchas desiertas,
los buques náufragos sobre briosas mareas,
las sirenas quiméricas de la mente somnolienta…

Mátame, si quieres, temible dama de sigilosos afectos
que son como afiladas dagas goteando el dulce néctar
de la angustia y el consuelo,
pero que renazca la flor cristalina
de mi legado de ancestros,
de mis escritos con la memoria del tiempo,
de mis besos tenues intentando sosegar
tu mano yerta, recta y perpetua,
tu voz severa que juzga de igual manera la bajeza
y la franqueza,
la cual mece la cuna y el postremo lecho
y complace a los dioses con el tributo del cuerpo.

Al fin y al cabo, pródiga muerte,
eres la fiel compañera que agoniza conmigo
en este desvariado camino
de proezas y malezas,
de rosales ofrendados a las espinas de los azares
y sus santos óleos.

(…)

Mátame, si quieres, pero déjame el pudor
de concluir el sueño
de estos efímeros y mortales versos…
Letras, palabras, versos... Todo se prepara en tu mente pero es tu alma quien las ordena y tu mano quien obedece para dejar escrito este sentir penado pero de una calidad soberbia.
Magistral amigo Daniel, para mi modesta opinión es una Obra.
Fraternal abrazo Maestro Daniel.
 
¡Ah! ángelus del albor en la sombra,
de alas oscuras con un halo virginal de fuego
que sella dentro de la bóveda infinita
la frenética vida con sus labios de ocre
de un desnudo y azulado deseo.

¡Ah! Dama del vacío perplejo
y a la vez del henchido brote del carmín perfecto.

¿Eres acaso? Ese fino ojo de luz que se filtra en el túnel,
un quizás factible que cae sobre la historia del hombre
y embiste con su mudez inquieta,
solitaria, deseable por la conciencia de la noche.

Un hoyo ciego con valquirias de arena
que consume con su manto carnal y gélido
hasta las costas, el oleaje del mar, las conchas desiertas,
los buques náufragos sobre briosas mareas,
las sirenas quiméricas de la mente somnolienta…

Mátame, si quieres, temible dama de sigilosos afectos
que son como afiladas dagas goteando el dulce néctar
de la angustia y el consuelo,
pero que renazca la flor cristalina
de mi legado de ancestros,
de mis escritos con la memoria del tiempo,
de mis besos tenues intentando sosegar
tu mano yerta, recta y perpetua,
tu voz severa que juzga de igual manera la bajeza
y la franqueza,
la cual mece la cuna y el postremo lecho
y complace a los dioses con el tributo del cuerpo.

Al fin y al cabo, pródiga muerte,
eres la fiel compañera que agoniza conmigo
en este desvariado camino
de proezas y malezas,
de rosales ofrendados a las espinas de los azares
y sus santos óleos.

(…)

Mátame, si quieres, pero déjame el pudor
de concluir el sueño
de estos efímeros y mortales versos…
creo que los intentos fallidos por llegar a ese final, nunca llega, déjame decirte que tus letras son muy ingeniosas, saludos
 
¡Ah! ángelus del albor en la sombra,
de alas oscuras con un halo virginal de fuego
que sella dentro de la bóveda infinita
la frenética vida con sus labios de ocre
de un desnudo y azulado deseo.

¡Ah! Dama del vacío perplejo
y a la vez del henchido brote del carmín perfecto.

¿Eres acaso? Ese fino ojo de luz que se filtra en el túnel,
un quizás factible que cae sobre la historia del hombre
y embiste con su mudez inquieta,
solitaria, deseable por la conciencia de la noche.

Un hoyo ciego con valquirias de arena
que consume con su manto carnal y gélido
hasta las costas, el oleaje del mar, las conchas desiertas,
los buques náufragos sobre briosas mareas,
las sirenas quiméricas de la mente somnolienta…

Mátame, si quieres, temible dama de sigilosos afectos
que son como afiladas dagas goteando el dulce néctar
de la angustia y el consuelo,
pero que renazca la flor cristalina
de mi legado de ancestros,
de mis escritos con la memoria del tiempo,
de mis besos tenues intentando sosegar
tu mano yerta, recta y perpetua,
tu voz severa que juzga de igual manera la bajeza
y la franqueza,
la cual mece la cuna y el postremo lecho
y complace a los dioses con el tributo del cuerpo.

Al fin y al cabo, pródiga muerte,
eres la fiel compañera que agoniza conmigo
en este desvariado camino
de proezas y malezas,
de rosales ofrendados a las espinas de los azares
y sus santos óleos.

(…)

Mátame, si quieres, pero déjame el pudor
de concluir el sueño
de estos efímeros y mortales versos…

Magistral poema Dannie, cuanta calidad y soltura tienes para versar, profundos sentimientos, trágicos y a la vez cautivantes. felicitaciones y admiración. Cordial saludo y afectuoso abrazo.
 

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