GABRIEL GUILLERMO
Poeta recién llegado
En los sótanos hediondos del under porteño,
el humo berreta ensayaba nieblas
sobre promesas baratas.
Una muralla de amplificadores,
bajo baquetas secas, instrumentos usados,
piel sudada y sonido de segunda mano.
Ahí nos cruzamos
como riffs desafinados
en cinta multitrack gastada.
Espejos rajados devolvieron nuestras caricias,
dedos tanteando promesas ingenuas y
números en papel higiénico garabateados de prisa.
Mensajes nocturnos como demos perdidos,
los labios en silencio lleno de distorsión,
mientras el mundo afuera nos sonreía.
Nuestros cuerpos cansados se rozaron esa sola noche,
la nota justa entre el caos del escenario invisible
con tattoos de henna falseando un autógrafo fraudulento.
Un bis solicitado
con aplausos desmedidos,
sensación de misterio
y melancolía.
Suficiente.
el humo berreta ensayaba nieblas
sobre promesas baratas.
Una muralla de amplificadores,
bajo baquetas secas, instrumentos usados,
piel sudada y sonido de segunda mano.
Ahí nos cruzamos
como riffs desafinados
en cinta multitrack gastada.
Espejos rajados devolvieron nuestras caricias,
dedos tanteando promesas ingenuas y
números en papel higiénico garabateados de prisa.
Mensajes nocturnos como demos perdidos,
los labios en silencio lleno de distorsión,
mientras el mundo afuera nos sonreía.
Nuestros cuerpos cansados se rozaron esa sola noche,
la nota justa entre el caos del escenario invisible
con tattoos de henna falseando un autógrafo fraudulento.
Un bis solicitado
con aplausos desmedidos,
sensación de misterio
y melancolía.
Suficiente.