Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Nos amamos en el borde, donde el filo brilla y la piel tiembla.
Nuestro amor es un equilibrio incierto, un malabar de latidos que se sostienen con alfileres invisibles. A veces, parece que caeremos de bruces en el abismo de la rutina, y otras, que la cuchilla nos partirá en dos, sin previo aviso.
Es un amor de pasos cortos sobre el alambre, sin red debajo, sin promesas de que al final habrá un aplauso. Nos deslizamos entre la dulzura de los besos y la quemadura de las palabras que escapan con filo de vidrio.
Pero aún así, seguimos.
Nos enredamos en el juego peligroso de amarnos al límite, con la pasión afilada como un secreto que se desliza entre las sombras de la noche. Nos buscamos entre luces y penumbras, sabiendo que un roce en falso nos hará sangrar.
¿Quién dijo que el amor debía ser seguro? ¿Quién dictaminó que debía ser predecible?
Nosotros preferimos este vaivén de vértigo y deseo, esta danza sobre la línea que divide el todo de la nada.
Porque si hay algo más aterrador que caer…
es dejar de sentir el filo.
Nuestro amor es un equilibrio incierto, un malabar de latidos que se sostienen con alfileres invisibles. A veces, parece que caeremos de bruces en el abismo de la rutina, y otras, que la cuchilla nos partirá en dos, sin previo aviso.
Es un amor de pasos cortos sobre el alambre, sin red debajo, sin promesas de que al final habrá un aplauso. Nos deslizamos entre la dulzura de los besos y la quemadura de las palabras que escapan con filo de vidrio.
Pero aún así, seguimos.
Nos enredamos en el juego peligroso de amarnos al límite, con la pasión afilada como un secreto que se desliza entre las sombras de la noche. Nos buscamos entre luces y penumbras, sabiendo que un roce en falso nos hará sangrar.
¿Quién dijo que el amor debía ser seguro? ¿Quién dictaminó que debía ser predecible?
Nosotros preferimos este vaivén de vértigo y deseo, esta danza sobre la línea que divide el todo de la nada.
Porque si hay algo más aterrador que caer…
es dejar de sentir el filo.