Dr. Aceituno
Poeta recién llegado
Las esquinas de las calles son tu aposento
y con un caminar lento,
esperas prontamente el final del tiempo.
Hilos plateados, como manto, cubren tu cabeza.
Hilos que nacieron hace mucho tiempo.
Tu cuerpo cansado, con el paso del tiempo luce encorvado.
Tu cabeza agachada y tu mirada perdida
hacia el lugar donde un día fuiste sacado.
Porque polvo eres y al polvo volverás.
Porque para hoy no hay nada,
solo los recuerdos de una vida pasada,
cuando tu imagen adornaba el centro de un hogar, de una familia.
Ahora el llanto, es tu imagen en el viento,
sin música, sin amor, sin calor que te acompañe,
acompañado únicamente de tu sombra enlutada,
viviendo muy pobremente de la misericordia de otros.
Misericordia que es como un dinosaurio, no por su tamaño,
sino porque ya se ha extinguido, misericordia que tiene olor a fósil disecado.
Porque ahora será esculpida tu imagen para perpetuar tu angustia,
porque viendo, no vemos.
Cada día son más, que cada día vemos menos.
Delante de estas figuras olvidadas insensiblemente pasamos
sin practicar lo que tanto hablamos y que con el paso del tiempo,
el mismo tiempo los ha olvidado.
Te acercas a ellos y huelen a tristeza, a lagrimas e insomnio.
Y al terminar el día hambrientos, sedientos y temblando de frio,
su cuerpo débil sobre una banqueta húmeda se ha recostado
y atrapado en el frio, el llanto, la tristeza, la soledad y la angustia,
sus ojos para siempre ha cerrado
y ninguna lagrima se ha derramado
y en su sepulcro, ninguna flor se ha colocado,
porque al final del ocaso, de ti nadie se ha recordado.
Dr. Juan de Dios Aceituno Veliz
y con un caminar lento,
esperas prontamente el final del tiempo.
Hilos plateados, como manto, cubren tu cabeza.
Hilos que nacieron hace mucho tiempo.
Tu cuerpo cansado, con el paso del tiempo luce encorvado.
Tu cabeza agachada y tu mirada perdida
hacia el lugar donde un día fuiste sacado.
Porque polvo eres y al polvo volverás.
Porque para hoy no hay nada,
solo los recuerdos de una vida pasada,
cuando tu imagen adornaba el centro de un hogar, de una familia.
Ahora el llanto, es tu imagen en el viento,
sin música, sin amor, sin calor que te acompañe,
acompañado únicamente de tu sombra enlutada,
viviendo muy pobremente de la misericordia de otros.
Misericordia que es como un dinosaurio, no por su tamaño,
sino porque ya se ha extinguido, misericordia que tiene olor a fósil disecado.
Porque ahora será esculpida tu imagen para perpetuar tu angustia,
porque viendo, no vemos.
Cada día son más, que cada día vemos menos.
Delante de estas figuras olvidadas insensiblemente pasamos
sin practicar lo que tanto hablamos y que con el paso del tiempo,
el mismo tiempo los ha olvidado.
Te acercas a ellos y huelen a tristeza, a lagrimas e insomnio.
Y al terminar el día hambrientos, sedientos y temblando de frio,
su cuerpo débil sobre una banqueta húmeda se ha recostado
y atrapado en el frio, el llanto, la tristeza, la soledad y la angustia,
sus ojos para siempre ha cerrado
y ninguna lagrima se ha derramado
y en su sepulcro, ninguna flor se ha colocado,
porque al final del ocaso, de ti nadie se ha recordado.
Dr. Juan de Dios Aceituno Veliz