BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo no sabré nunca de
cansancios en la víspera,
ni de desnudos sobre colchas
extrañas y sucias, menos todavía
de azucenas en la frente, o de
globos oculares irritados por la fiebre.
Yo no sabré nunca de
sangres menstruales en el hocico de las bestias,
ni de mentalidades loables que acarician blasones
independientes.
Ni nunca, nunca, jamás,
de eternidades en marmitas uterinas,
de sueños muertos que atestiguan
danzantes de símbolos o vestales asediadas.
O de esos insectos que buscan la luna
alzados desde sus combates espumosos.
Sabré, eso sí, de silencios y mármoles,
de lápidas y crujidos, de lámparas y anidamientos.
De pájaros embriagadores y señuelos en las puertas,
de bautismos cerebrales y conversaciones a solas.
Pero de ningún modo, de orquestas estivales
al fondo de un mar que nunca cesa.
©
cansancios en la víspera,
ni de desnudos sobre colchas
extrañas y sucias, menos todavía
de azucenas en la frente, o de
globos oculares irritados por la fiebre.
Yo no sabré nunca de
sangres menstruales en el hocico de las bestias,
ni de mentalidades loables que acarician blasones
independientes.
Ni nunca, nunca, jamás,
de eternidades en marmitas uterinas,
de sueños muertos que atestiguan
danzantes de símbolos o vestales asediadas.
O de esos insectos que buscan la luna
alzados desde sus combates espumosos.
Sabré, eso sí, de silencios y mármoles,
de lápidas y crujidos, de lámparas y anidamientos.
De pájaros embriagadores y señuelos en las puertas,
de bautismos cerebrales y conversaciones a solas.
Pero de ningún modo, de orquestas estivales
al fondo de un mar que nunca cesa.
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