daniel amaya
Poeta fiel al portal
Algunas cosas se parecen a ti,
como el rubí de fuego en el rostro
del firmamento,
como el agua de una laguna muerta,
vestida de seda en la soledad,
tranquila, misteriosa, lejana y ajena;
a veces huyo hacia los montes castaños
que interfieren con la vida frente abismos,
tuya es la soledad que ata las manos
y tuyo es el llanto que amanece marchito
junto a las hojas secas donde reposan las fuerzas.
Algunas cosas se parecen a ti,
pareces el contorno de la luna
brillando suave y distante entre
deseos prohibidos,
tu piel es la caricia de una rosa dulce
y el aroma ciego de tu piel enternece al horizonte
como capullos vivos de alba;
el dolor nace en el imperio de tus labios,
de tu acérrimo calor, de tu voz,
el imperio ha dicho mucho, ha tocado el pulso,
ha instigado al tiempo en el latido.
Algunas cosas se parecen a ti,
al surco de la estrella fugaz
donde la esperanza se aferra a su paso,
y el alba que no encuentra dueño
clama escondido en el viento ermitaño,
tal vez no conoces, tal vez no tienes límite,
usas esa bonanza en la lejanía de los astros
y el contorno de tu cuerpo busca esclavos,
allí es donde la paciencia se desborda,
llueve, comienza a llover, todo se parece a ti…
como el rubí de fuego en el rostro
del firmamento,
como el agua de una laguna muerta,
vestida de seda en la soledad,
tranquila, misteriosa, lejana y ajena;
a veces huyo hacia los montes castaños
que interfieren con la vida frente abismos,
tuya es la soledad que ata las manos
y tuyo es el llanto que amanece marchito
junto a las hojas secas donde reposan las fuerzas.
Algunas cosas se parecen a ti,
pareces el contorno de la luna
brillando suave y distante entre
deseos prohibidos,
tu piel es la caricia de una rosa dulce
y el aroma ciego de tu piel enternece al horizonte
como capullos vivos de alba;
el dolor nace en el imperio de tus labios,
de tu acérrimo calor, de tu voz,
el imperio ha dicho mucho, ha tocado el pulso,
ha instigado al tiempo en el latido.
Algunas cosas se parecen a ti,
al surco de la estrella fugaz
donde la esperanza se aferra a su paso,
y el alba que no encuentra dueño
clama escondido en el viento ermitaño,
tal vez no conoces, tal vez no tienes límite,
usas esa bonanza en la lejanía de los astros
y el contorno de tu cuerpo busca esclavos,
allí es donde la paciencia se desborda,
llueve, comienza a llover, todo se parece a ti…
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