mauricio aguirre
Poeta fiel al portal
Una sombra clara del alba nos asedia,
Con cierto soplo milenario e iniquidad,
Proveniente de los brazos de la galaxia.
El estupor intangible de mis paranoias
Se nubla, cual fría niebla en las costas;
Quiero girar a la luz más no encuentro nada,
Solo vacías sombras voladoras que dan miedo.
Todo se turba en mi realidad y conciencia,
El amor es un abismo en este oscuro cuarto
Existencial de bajos instintos,
De inspiraciones absurdas y bohemias,
Emborrachadas de placeres verbales.
Extraños pasos se escuchan del otro lado de la puerta,
Son los depredadores inorgánicos que a diario asedian
Mi fuente, el cristo que todos llevamos dentro.
Del que fluyen pensamientos abstractos, hermosas
Parábolas de entendimientos mágicos.
El depredador busca la inexplicable energía del dolor,
Poseen a nuestros seres ya fallecidos, nos manipulan
Y viven errantes en las mentes de todo ser vivo.
Mientras todos piensan en la existencia de un purgatorio,
Un infierno o un inefable cielo, los depredadores
Se alimentan de todos nuestros milenarios miedos.
Con cierto soplo milenario e iniquidad,
Proveniente de los brazos de la galaxia.
El estupor intangible de mis paranoias
Se nubla, cual fría niebla en las costas;
Quiero girar a la luz más no encuentro nada,
Solo vacías sombras voladoras que dan miedo.
Todo se turba en mi realidad y conciencia,
El amor es un abismo en este oscuro cuarto
Existencial de bajos instintos,
De inspiraciones absurdas y bohemias,
Emborrachadas de placeres verbales.
Extraños pasos se escuchan del otro lado de la puerta,
Son los depredadores inorgánicos que a diario asedian
Mi fuente, el cristo que todos llevamos dentro.
Del que fluyen pensamientos abstractos, hermosas
Parábolas de entendimientos mágicos.
El depredador busca la inexplicable energía del dolor,
Poseen a nuestros seres ya fallecidos, nos manipulan
Y viven errantes en las mentes de todo ser vivo.
Mientras todos piensan en la existencia de un purgatorio,
Un infierno o un inefable cielo, los depredadores
Se alimentan de todos nuestros milenarios miedos.
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