BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo era alma: inconsciente,
voluptuosa. Dinámica.
En los azules del día, marcaba
mi agonía con una teja y una diadema
de oscura voz metálica, ambas.
Pronto, supe del rugido enfervorecido,
de la máquina que gasta, del suceso
entre las amapolas, y del castigo germinal
de las frondas. Supe, dudé.
Elementalmente, mi fosa fue cavándose
con ese espliego deteriorado de los montes
y los árboles, lejanos. La humareda,
el solsticio, la ventana siempre abierta,
un corazón noctámbulo y asediado.
Mi frente, mancillada por nocturnos,
fue ocupada, de repente, por termómetros
y aniquilaciones de perros. Fluí.
Entre químicos inexpertos, y facilidades
de posgrado, tuve, mi cuerpo como una abeja
distinguida y postrera, tumbada.
©
voluptuosa. Dinámica.
En los azules del día, marcaba
mi agonía con una teja y una diadema
de oscura voz metálica, ambas.
Pronto, supe del rugido enfervorecido,
de la máquina que gasta, del suceso
entre las amapolas, y del castigo germinal
de las frondas. Supe, dudé.
Elementalmente, mi fosa fue cavándose
con ese espliego deteriorado de los montes
y los árboles, lejanos. La humareda,
el solsticio, la ventana siempre abierta,
un corazón noctámbulo y asediado.
Mi frente, mancillada por nocturnos,
fue ocupada, de repente, por termómetros
y aniquilaciones de perros. Fluí.
Entre químicos inexpertos, y facilidades
de posgrado, tuve, mi cuerpo como una abeja
distinguida y postrera, tumbada.
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