Norainu
Poeta fiel al portal
Amanecer.
Los cielos cargan el plomo pesado y caliente de la primavera.
La lluvia se aprieta entre las nubes,
cerrando puños blandos que amenazan con mojar la ropa que no descolgué.
Nada me apartará del café con leche y de la pereza gatuna.
Ayer todavía es hoy en mi cabeza, no me abandona el pasado.
Recuerdo alguien que en su infancia rompió tres veces el jarrón chino
y su padre siempre lo resucitó, pegándolo con paciencia.
Así voy pegándome en las mañanas, cachitos de consciencia,
con esa misma tranquilidad que da la costumbre de romperse.
Tras los ojos dormidos sigue el niño que fui, descubriendo el mundo y sus gentes.
Si lloviera ahora, ni un dedo movería por entrar la colada.
Cuando soy más el que soy, así dormido y algodonado.
El pequeño domingo que hay en cada amanecer nos aleja de las calles y del ruido.
Ahora voy, me diré a solas.
Y será el amanecer de cualquier otro día de la semana.
Los cielos cargan el plomo pesado y caliente de la primavera.
La lluvia se aprieta entre las nubes,
cerrando puños blandos que amenazan con mojar la ropa que no descolgué.
Nada me apartará del café con leche y de la pereza gatuna.
Ayer todavía es hoy en mi cabeza, no me abandona el pasado.
Recuerdo alguien que en su infancia rompió tres veces el jarrón chino
y su padre siempre lo resucitó, pegándolo con paciencia.
Así voy pegándome en las mañanas, cachitos de consciencia,
con esa misma tranquilidad que da la costumbre de romperse.
Tras los ojos dormidos sigue el niño que fui, descubriendo el mundo y sus gentes.
Si lloviera ahora, ni un dedo movería por entrar la colada.
Cuando soy más el que soy, así dormido y algodonado.
El pequeño domingo que hay en cada amanecer nos aleja de las calles y del ruido.
Ahora voy, me diré a solas.
Y será el amanecer de cualquier otro día de la semana.