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Amanecí muerto esa mañana

Tema en 'Prosa: Obra maestra' comenzado por Cris Cam, 18 de Febrero de 2019. Respuestas: 1 | Visitas: 226

  1. Cris Cam

    Cris Cam Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Amanecí muerto esa mañana

    Amanecí muerto esa mañana. Me senté al borde de la cama. Pude ver a mi cuerpo, aún tibio, con una inusual mueca de satisfacción en el rostro. Un brazo saliendo de las colchas, rozando las uñas la alfombra. Quise cerrarme los ojos entreabiertos pero no pude.

    ¡En fin! ¿Era esto?

    Me paré mucho más ágil que de costumbre. Quise salir al balcón, pero no pude, una fuerza invisible me ataba aún a ese cuerpo.

    Pasaban las horas y ya comenzaba a aburrirme. Alguien se daría alguna vez cuenta de mi ausencia. No podía levantar las sábanas, pero sabía que algo pasaba, cuando de mis antiguas comisuras comenzó a brotar una pestilencia azul. Es decir suponía que era pestilente, aunque no lo podía percibir- ¿Qué otra cosa, que pestilente, puede ser una espuma azul de un muerto?

    A la noche, sin cansancio ni sopor recordé que en mis sueños siempre solía volar con mucho esfuerzo pero a voluntad, me elevé pero tampoco pude superar el techo.

    Esperé varias horas en vano, tratando de ver luces u oscuridades, suponía que alguien vendría a buscarme. Me entró el pánico cuando pensé que pasaría una eternidad como la temporalidad, aburrido, angustiado y solo.

    Con un poco de esfuerzo pude ver el sol de un nuevo amanecer por la rendija de la ventana. De pronto un merodeador, el gato de doña Mariela, que se asoma, primero se abalanzó sobre mi cadáver pero me vio, se erizó y salió disparado, volcando todos los cuadros de la chimenea y rompiendo la vitrina.

    El sonido a vidrio roto, atrajo a la vecina de 4ºD. Se cansó de golpear. Supuso que estaban robando y llamó a la policía.

    Los muchachos, a juzgar por el sol que caía casi vertical, llegaron antes del mediodía.

    Me rompieron la puerta de roble lustrado de un tacazo. Me alegré de que no me hubieran encontrado 25 años antes.

    Como siempre, haciendo gala de su fina intuición, gritaban a los cuatro vientos. Por fin a uno se le ocurrió abrir la puerta del dormitorio, y mis vapores inundaron todo el resto del departamento. Lanzó un vómito que mancho mi alfombra Peruana.

    Pronto se pusieron en movimiento. Uno llamó al forense. Los otros recorrieron el depto a la caza de objetos que nunca figurarían en la pericia.

    El forense no se tomó demasiado tiempo, determinó que no habría autopsia, infarto firmó. Volví a mirar mi rostro ahora hinchado y no me parecía haber muerto de eso. Pero en realidad no me importaba.

    El oficial encargado, tomó mi agenda y comenzó a marcar números al azar, con la esperanza de encontrar a alguien que me conociera. En el edificio, los únicos que sabían mi nombre eran, el administrador y el portero, yo ni sabía el nombre de pila de la del 4ºD. No tenía mucha esperanza de que encontraran a nadie. Pero el morocho seguía dándole al tubo.

    Al cabo de un rato, dieron por terminado el reconocimiento y me embolsaron en un plástico gris. Me subieron a la camilla y me sacaron del depto. Me despedí de mi cuerpo, porque pude pasar al living, pero no pude salir del departamento.

    ¿Qué me ataría a un lugar sin mi aprecio y gracia? Para colmo de males, mi vista empezó a fallar y comencé a no reconocer contornos. Con dificultad distinguía un ser de otro.

    Por la tarde, entró una mujer muy joven, intuí que sería una adolescente por su blazer borravino y la pollera, quizá escocesa, al tono n, digo, creo, por un brillo dorado que me pareció, un gran alfiler de gancho como las de las estudiantes de secundario. Lo que sí sabía era que no la conocía. Se paró frente a la vitrina, y a pesar que no la podía distinguir, claramente veía que los objetos que tocaba se iluminaban ya de rojo, de azul o verde.

    Tomó el viejo retrato de Mirta, aquel viejo amor que nunca prosperó. Sólo fue una lluvia de verano. Intensa, cálida, refrescante, sofocante, vital y mortal. Se evaporó como el agua ante el sol, sin dejarme un arco iris.

    - ¿Y? ¿Te falta mucho Alejandra? Le dijo una voz que me parecía conocida, aunque algo más gastada.

    - ¡Ya va, ya va, mamá!. Contestó la intrusa.

    Guardó el retrato en su bolso. Sin que nadie le dijera nada

    - Apurate que si tu padre se entera me mata.


    Tomó el cenicero, pero lo volvió a apoyar exactamente como estaba. Tomó un viejo álbum más lleno de tierra y nostalgia que fotos, lo apretó junto a su pecho y lo guardó. Pude escuchar su llanto de gemidos retenidos.

    No sé cómo, pero comencé a sentir un torbellino que me arrastraba, pero aún le pude escuchar.

    - Bueno, vamos, mamá. No te hagas más problemas, mi padre no se va enojar.
     
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  2. Cris Cam

    Cris Cam Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Moderador. Creo que este no es el lugar adecuado. Moverlo al adecuado.
     
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